Mis uñas se clavan ahora en sus brazos cubiertos por el saco de su traje, su boca sigue pegada a la mía. Jadeo por la falta de aire, mi cuerpo está caliente, mi temperatura sofocándome. Su cuerpo está prácticamente encima del mío, acorralándome contra la puerta. Mis latidos golpean incesantes. ―Ruidosa ―gruñe contra mis labios, con su voz áspera e imponente. Abro los ojos de forma repentina al darme cuenta de lo que está sucediendo en este momento. Mi pierna se levanta en contra de él y mi rodilla golpea con fuerza su entrepierna. Él se separa de mi boca y aprovecho para terminar de separarme de él. Abro la puerta sosteniendo mi pequeño bolso de mano y lo veo gruñir, sosteniéndose la polla, su rostro se enrojece, las venas de su cuello se marcan y me clava sus ojos enfurecidos. ―¡R

