Llegamos a la fábrica y para mi suerte, Sertan ha mantenido su concentración en la pantalla de su celular. Parece tener muchos pendientes y no entiendo por qué decidió venir conmigo a este lugar con su ceño fruncido y gruñidos llenos de prepotencia. Tomo una bocanada de aire, escuchando el reporte de la encargada ejecutiva de la fábrica. La figura de Sertan está justo detrás de mí y como no es algo nuevo en los hombres Emperador; está llamando la atención de todas las mujeres. Solo que este, en comparación a Aslan, no las espanta con desprecio. ―Estas son las propuestas del nuevo empaque para la carne de hamburguesa especial ―menciona Ana enseñándome y toma mi atención―. ¿Cuál prefiere? ―Creo que el señor Sertan te lo puede responder ―digo y aclaro mi garganta, para llamar su atenció

