Me despierto por el incesante ruido de mi teléfono celular, Manoel se remueve con incomodidad a mi lado, a la vez de que balbucea cosas inentendibles, lo que me hace reír. Nos habíamos quedado dormidos hacía unas escasas horas, por lo que, suponía que lo único que deseaba era seguir durmiendo, así que, para evitar despertarlo, respondo de inmediato y corro hacia el baño para tener un poco de privacidad. —¿Diga? —hablo en un susurro al sentarme sobre el inodoro para aprovechar y hacer pipí. —Señorita de Oliveira, habla el doctor Blanco, ¿Cómo le va? Apenas y logro su voz, retiro el móvil de mi oído para verificar la hora, al ver que apenas son las siete de la mañana, se me congela la sangre, al punto de que siento como el aire se me queda atascado en la garganta. Mis manos tiemblan, al

