—Supongo que esperaba a que me heredaras cualquier otra cosa, menos el cáncer —comienzo a hablar en cuanto me acerco a la lápida de mi madre—, pero bien, imagino que tienes prisa para volver a encontrarte conmigo —digo al encogerme de hombros, me siento sobre su tumba y aspiro con lentitud, mientras paso una mano sobre su fotografía—, supongo que esto del todo no resulta ser tan malo. Nuevamente estaremos juntas, tal y como lo prometimos —un nudo se instala en mi garganta, las ganas de llorar me invaden, pero las alejo con rapidez, no había tiempo para debilidades, este era el momento en que debía de demostrar lo fuerte que soy—. ¿Sabes, mamá? Lo único que me preocupa ahora, es cómo estarán papá, Manoel y este bebé sin mí —farfullo al llevar una mano hasta mi vientre plano. Pequeñas lágri

