Siete años después Cada mañana al abrir los ojos, siempre es lo mismo. Tiro una mano hacia mi derecha, buscando su presencia después de haber pasado toda la noche soñando con ella, lamentándome una vez más al no encontrarla. Jussara de Oliveira resultó ser una brisa fresca de verano, la cual disfrutas y ruegas para que nunca se vaya, pero que termina yéndose con la misma rapidez con la que llegó. Mi vida a su lado se resumió en unos escasos meses, los cuales resultaron ser los mejores meses de toda mi existencia. Tallo mi rostro con ambas manos, conteniendo las ganas de llorar. Hoy se cumplían siete años desde su partida, aún se encontraba penetrada en mi mente aquella imagen agonizante, sus últimos suspiros antes de partir de este mundo. Ella se fue, dejándome este horrible vacío en

