Todos mis compañeros tenían con quién hablar,
menos yo, yo seguía ahí esperando por alguien.
—Disculpa ¿me prestas un color?— Preguntó una de mis
compañeras acercándose a mi pupitre.
Levanté la mirada para observarla, era la niña mas
bonita del salón y me estaba hablando, mi corazón comenzó a latir velozmente.
Noté de reojos como Adolfo se burlaba de mí.
Seguro ellos la han enviado para jugarme una broma.
—Vete a la mierda— Murmuré volviendo a acostarme.
—¿Qué has dicho maldito gordo?— Preguntó furiosa.
No le di importancia y seguí recostado en el
escritorio.
—Eres un maldito grosero— Gritó escupiéndome en la
cabeza.
Supuse que todo el salón se quedó mirándome así
que preferí no mirar a los lados.
Me quedé ahí hasta que finalmente tocaron el
timbre.
Poco a poco las madres iban llegando llevándose
consigo a sus hijos, cada vez quedábamos menos hasta que quede yo solo.
—¿Qué le sucede a tu madre?— Preguntó la maestra.
—No lo se— Respondí nervioso.
—Ni si quiera puede hacer eso bien, tiene un hijo
problemático por su falta de carácter, enserio debí hablar con esa mujer—
Comentó molesta la maestra.
Usted que va a saber, no sé nadie para hablar,
solo es una maldita puta.
Me levanté de un alto del asiento yéndome para
afuera.
—Debes esperar adentró— Gritó la profesora.
—Come mierda— Susurré.
Al salir me di cuenta que estaba lloviendo, corrí
hasta la para a esperar bajo la lluvia a mi madre, la llamé hasta decir basta
pero su teléfono sonaba apagado.
Es un mal día para tardar mamá, ya quiero
abrazarte.
Duré un buen rato ahí recordando todo lo que me
pasó durante el día, pensando en que mañana sería peor.
Odio aquí.
De la nada un carro n***o se detuvo, un hombre
grande y esbelto se bajó de el acercándose a mi.
—Sube al auto niño— Dijo ese hombre.
—¿Quién es usted?— Pregunté asustado.
—Me ha enviado tu padre, ahora subo al auto si no
quieres que te golpeé cuando lleguemos— Dijo con una voz demandante.
Me levanté temblando, con ganas de ir al baño.
No te hagas pis por favor.
Al montarme al auto este hombre arranco
conduciendo como un loco atrás vez de la ciudad.
—¿Qué sucede con mi madre?— Pregunté sonrojado por
el miedo.
El hombre simplemente no respondió, se quedó
cayado durante todo el viaje.
No es lo mismo sin mamá.
Al llegar a casa, él fue el primero en bajarse del
coche, dejándome atrás.
Me baje refunfuñando entrando a casa abrumado.
Al entrar encontré a mi madre lanzada en el suelo,
degollada.