Capitulo 24

1785 Palabras
Manuel. Hace treinta años atrás Comencé a temblar y no pude soportarlo más, moje mis pantalones con mi orina, me acerqué lentamente al cuerpo de mi madre, me tire sobre ella dejando que el llanto saliera de mi. —No, mamá ¿Qué te pasó?— Pregunté llorando de dolor. No podía entenderlo, esto no era justo. En ese momento salió mi padre borracho de la habitación tomándome del brazo para lanzarme contra la pared. —Vuelves a tocar a esta puta sucia y te mataré maldito marica— Gritó tambaleándose. —¿Qué le has hecho?— Grité furioso. —¿Acaso no la vez? Hice lo que hace tiempo se merecía— Contestó riéndose vaciando la cerveza de su mano sobre su cuerpo. Me fui con todo en su contra golpeando con furia sus piernas. —Te odio, desearía que fueras tú el que estuvieses muerto, no te quiero ver más nunca en mi vida— Exclamé adolorido. Mi padre me golpeó en la cara provocando que chocara con fuerza todo mi cuerpo contra el suelo. —Vuelve a hablarme así y te juro que te mataré como a la puta de tu madre— Gritó nuevamente. —No le digas así— Suplique sujetándome de su pie. Él comenzó a patearme cada vez más fuerte hasta ver qué sacaba sangré. El hombre esbelto solo observaba callado. —Un marica como tú no tiene derecho de hablarme así— Dijo para luego escupir. Maldición soy tan débil que ni siquiera puedo defender a mi madre. Dure toda la tarde en el suelo, observé como sacaban el cuerpo sin vida de mi padre por la puerta de atrás, la trataban como basura. —Los odió— Murmuré llorando y escupiendo aún sangre. A media noche me levanté para dirigirme a mi cuarto, volví mi habitación un desastre, tire todo al suelo, lo rompí todo, me desquite con todos los peluches y objetos que tenía. —Lo odio— Repetía adolorido. Te extraño mamá. Aún no podía creer que desde hoy estaba completamente solo, ya no tendría la compasión de mi madre para al menos sentirme a salvó. Debo volverme fuerte, debo ser como mi padre, necesito un corazón más frío y así algún día matarlo con mis propias manos, quiero hacerlo sufrir, no sabe cuánto lo odio. Me tire sobre la cama pensando en la linda sonrisa de mi madre y en sus palabras alentadoras. —Te lo prometo mamá, haré que estés orgullosa de mi— Dije sacando la última lágrima para luego quedarme dormido. Al día siguiente mi padre entro a mi cuarto para despertarme a golpes. —Levántate maldita bola de grasa, no ves que el sol ya salió— Gritó aún ebrio. Caí al suelo, raspando mis rodillas. Salí corriendo al baño para darme una ducha y limpiar mis heridas. Me vestí velozmente para no molestar más a mi padre y cuando estaba listo me acordé de la nota de la profesora. Salí de mi habitación en busca de mi padre, temblando de miedo al pensar en que haría cuando le entregará la nota. —Finalmente estas listo bastardo— Exclamó tirado en el sofá comiendo Doritos. —Papá no te quiero hacer molestar y desearía que no me golpearlas pero la profesora me pido que te entregará esto— Dije sacando la nota de mi bolsillo. En realidad era para mi madre pero la mataste maldito. Mi padre dio un gran suspiro para luego levantarse del sofá y meterme un golpe en el rostro, lanzándose nuevamente a suelo. —¡¿Es que acaso no puedes hacer nada bien?!— Gritó malhumorado— Dile a esa maldita perra que no iré y que la puta de tu madre se fue de vacaciones— Añadió para luego comerse la carta. —Perdón padre— Dije sobando mi mejilla. —Ahora mejor vete si no quieres que te muela a golpes— Exclamó dándose la vuelta— Y no me busques más problemas porque lo pagarás con sangré— Agregó. Me levanté apurado, cojeando de un pie. Me monte en el auto con mucho miedo, pensando en que papá me matara cualquiera de estos días. El hombre esbelto yacía ahí en mi espera. Arrancó sin preguntar nada, el camino se me hizo silencioso y unas cuadras antes de llegar al colegio me dejó en medio de la nada. —Bájate del auto— Gritó como lunático. Me baje deprisa cayendo sobre el pavimento, el hombre arranco sin arrepentirse. Maldición, otra desgracia más para mí vida. Me tocó caminar todas esas cuadras a pie, otra vez llegaría tarde a clases. Durante el camino pensé en la comida, era de las únicas cosas que me hacen felices en la vida y para colmo mi padre no me empacó nada para comer. Al llegar a la entrada del colegio ya me sentía agotado, quería regresar a casa y no tener que pasar por este infierno pero pensando en cómo están las cosas, cualquier opción es igual de peor. Vivo en un infierno constante. Sin más que pensar me rendí y me dirigí al aula, nuevamente la profesora me regaño. —Espero tus padres vengan— Agregó molesta. —No se preocupe, mi padre me ha dicho que vendrá el día acordado— Respondí tomando asiento. Este día fue uno de los peores, Adolfo nuevamente me golpeó por lo traer nada de mi casa, las niñas seguían burlándose de mí y yo seguía completamente solo en este espacioso lugar. Luego de la última clase me tocó devolverme a casa a pie. Que irritante situación. Mi vida era ahora así de lamentable. En el camino me crucé con Adolfo, intenté evitarlo pero él se dio cuenta de mi presencia y se acercó para molestarme. —¿Qué sucede gordito? ¿La puta de tu madre no vendrá a buscarte hoy? ¿Está muy ocupada chupando p***s?— Preguntó riéndose. —No le digas así a mi madre— Exclamé conteniendo el enojó. —Yo le digo como me de la puta gana a la zorra de tu madre, pedazo de gordo— Replicó aún burlándose de mí y mi querida madre— Mejor corre a llorar en sus brazos o te caeré a golpes de nuevo, tengo ganas de poner mis puños en se gordo y asqueroso cuerpo tuyo— Mencionó del otro lado de la será. Mire al suelo conteniéndome lo más que pudiera para no terminar golpeado de nuevo. Por favor madre dame la fuerza de poder callar a este brabucón. Él siguió burlándose cada vez más, diciéndole a mi mamá puta y las mil posiciones en la que la usaban. Me cansé y agarré la piedra más cercana, me dirigí velozmente a dónde él estaba. —¿Qué te pasa? ¿Qué harás?— Preguntó con arrogancia. Levanté mi mano sin darle explicaciones y comencé a golpearlo con la piedra hasta decir basta, cada vez lo golpeaba más y más duro hasta que cayó al suelo, pero no pare ahí, seguí dándole con la piedra hasta que ví que de su cabeza salía sangre. Me asusté todo al ver esa escena. ¿Qué debo hacer ahora?. No podía llamar a mi padre porque seguramente se molestaría conmigo. Terminé jalándolo hasta un bote de basura, coloque su cuerpo sin vida adentro y salí corriendo. Al llegar a casa me dirigí al baño a quitarme la sangre de las manos. Si alguien se llega a enterar lo que hice mi papá me matara. Pero es que se lo merecía, solo hice lo que es justo, ese pedazo de mierda merecía morir. —Manuel, ven acá— Me llamó mi padre. Salí nervioso del baño yendo hasta donde el se encontraba. —¿Qué ocurre padre?— Pregunté con la cabeza agachada. —Respecto a lo sucedido con tu madre, solo quiero decir que lo siento y que se que tal vez me excedí un poco al matarla pero debes entender como ella lo hacía que hay días en los que estoy de malhumor y por eso deseó que hagan lo que yo pido— Se explico más calmado y finalmente sonrió— ¿Quieres saber por qué mate a tu madre?. Asentí con la cabeza agachada. —Mirame cuando te hablo, eres un hombre y eres mi hijo, no estoy criando a un marica— Dijo en voz alta. —Perdón padre— Respondí levantando la cabeza— Si me gustaría saber tus motivos para quitarle la vida a mi madre— Añadí mostrando seguridad. —La muy zorra me estaba engañando, conseguí en su teléfono las pruebas dónde dejaba claro sus intenciones de abandonarnos — Explicó él— Solo nos hice a un favor a ambos, no me culpes por la culpa de esa vulgar— Dijo excusando sus acciones. Eso es mentira, confío en mi madre, ella jamás pensaría en abandonarme, era la única que creía en mi, yo lo sé. —Ella solo estaba hateada de ambos, más que todo de ti Manuel, estaba dejando su juventud por cuidarte— Comentó tomando un trago. No, estoy seguro que eso es mentira. —Por eso pido tu perdón y compresión querido hijo, eres mi único heredero y quiero que algún día seas el dueño de todos mis bienes por eso soy un poco duro contigo pero siempre te he querido, solo quiero un buen futuro donde la gente no se meta contigo— Comentó. Las palabras de mi padre endulzaba mis oídos, querían que fueran ciertas pero por alguna razón no podía creerlo. —¿No me odias cierto?— Preguntó observándome fijamente. —No padre, no te odió— Contesté mintiendo. —Eso está bien, ahora ve a tu cuarto, por cierto cambie de parecer y si iré a ver a tu profesora así puedo lograr que te deje molestar— Confesó sonando alegré. —Gracias padre— Respondí yéndome. —Ah y si te preguntas porque mi guardaespaldas te dejo en medio de la nada fue por petición mía, necesitas bajar peso para aniquilar a los brabucones— Dio a conocer. —Lo sé y gracias padre— Contesté nuevamente. Al entrar en mi cuarto me acosté en mi cama a pensar un rato. Mi padre tiene razón, no puedo seguir permitiendo que la gente me pisotee. Debo hacerle un hombre y honrar la memoria de mi querida madre. Lo siguiente que haga en mi vida lo haré por ti madre. Te amo y siempre te extrañaré. Lo siguiente que debía hacer era hacer caso a las órdenes de mi padre, el sabía todo lo que yo necesito aprender, necesito ser como mi padre pero por supuesto seré mejor que él.
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