Louis mordió su labio tratando de no reír ante un chiste que le había contado el coach Preston. Había tenido que llevar a Frank a un entrenamiento entre semana y aburrido se sentó en una banca a verlo corretear junto a los otros niños.
Cuando el entrenador se había acercado a él, su cuerpo no había podido evitar comenzar a responder al tener un hombre tan caliente a su lado. Porque vamos, ¿quién podía pensar diferente? Era un morocho de ojos claros y una sonrisa que deslumbraba a cualquiera.
Harvey no había ido y en cambio su madre estaba ahí viendo jugar a Edward. Se había sentido un poco desilusionado, pero si el rizado no hacia ningún movimiento por verle, él tampoco lo haría.
— Así que... no es por ser maleducado o algo así pero, ¿eres gay?
Louis jugueteó con su sweater y meditó su respuesta. Bueno, lo era. Eso estaba confirmado, pero no sabía cómo reaccionaría el hombre junto a él.
— Sí… —susurró—… ¿y tú?
— Mírame —demandó Eric y el joven hizo caso—. Soy bisexual, digamos que en la universidad pude darme cuenta que los hombres también me iban. Además hago un ¿favor? Soy demasiado guapo para que solamente las mujeres puedan vivir su sexualidad conmigo. También lo pueden hacer los hombres.
— ¿Cuántos años tienes?
— Veintiuno, este es mi primer año en un trabajo real.
— Oh, eso es bueno. Creí que eras más viejo, sólo me llevas cuatro años más o menos.
Eric sonrió, haciendo derretir el alma de Louis.
— Tu chico es afortunado, eres una gran persona.
— No estoy con nadie —tragó saliva el castaño viendo como Frank trotaba.
— Yo creí que- uh, estabas con el hermano de Edward.
— Es sólo mi amigo.
— Eso es bueno —Eric repitió las palabras del muchacho—. Digo, es bueno si no te gusta- pero si te atrae entonces es malo, mucho-ya sabes, uh, creo que... explotaré.
Louis rió y olvidó todo lo que merodeaba su mente, entre eso a Harvey, y dejó que aquel morocho de lindos ojos, la ocupara.
— No explotes, los niños te necesitan.
— Serán los únicos —espetó Eric soltando un suspiro—. Bueno, creo que es hora de que los niños terminen, ¿no?
Louis revisó la hora en su móvil y silbó, ya eran pasadas las cinco y tenía que llegar a casa a terminar un experimento sobre la presión para física.
— Creo que sí, yo tengo algunas cosas que hacer.
— ¿Cómo qué?
— Curioso —sonrió Louis—. Tareas, me gradúo este año y necesito buenas notas para entrar a la universidad.
— No pensé que fueras uno de esos chicos amantes de los estudios —juguetonamente el coach Preston golpeó su hombro.
— No lo soy, sólo que lo necesito.
El ambiente entre los dos se llenó de un buen silencio hasta que Eric volvió a romperlo: — Bueno dejando de lado el momento incómodo. ¿Podrías darme tu número?
— Seguro.
El menor escribió de forma rápida los dígitos de su teléfono y se levantó de la banca sintiendo su trasero doler. El coach hizo sonar el silbato y rápidamente los niños se formaron para recibir las despedidas y fuerzas del entrenador que no dejaba de decirles lo bien que lo habían hecho.
Frank se acercó a Louis y tomó su mano haciéndolo salir del lugar antes de que su hermano pudiera despedirse como creía que debía ser de Eric.
En cuanto llegaron al parqueadero una mata de rizos se dejó ver y claramente se mostraba furioso ya que no dejaba de golpear un basurero a su lado mientras hablaba solo, como regañándose.
¿Qué le había pasado a Harvey?