Capítulo veintisiete No sé cuántas horas hemos estado metidos en este auto hasta que se detuvo de golpe. Las manos de Lucas agarrón mis antebrazos y en cuanto las puertas se abrieron la luz del sol impactó contra mi cara haciéndome cerrar los ojos. —Vamos, Muñequita, Llegaste a tu nuevo hogar—Abrí los ojos y ellos me sonrieron para después jalarme. Tragué saliva al ver un edificio que parecía abandonado. Me llevaron hasta la entrada y entonces Sawyer y Lucas me tomaron de los hombros empujándome hacia adentro. Sobre mis labios había metido una tela y luego me había amarrado otra para no hablar. Me metieron al elevador y entonces Sawyer clavó sus dedos en mi cintura. Llegamos hasta el último piso y ellos abrieron la puerta de uno de los departamentos. — ¡Bienvenida copito!—Gritó Sawye

