En ese preciso instante, tres golpes firmes resonaron contra la puerta de madera de la cabaña. El sonido seco y autoritario cortó el aire cargado como un trueno cercano. Aya dio un respingo tan fuerte que el dispositivo casi se le resbaló de las manos. Ada y Gia se sobresaltaron al mismo tiempo, sus expresiones pasando de la preocupación concentrada a la alerta pura en menos de un segundo. —¿Qué demonios…? —murmuró Gia, ya poniéndose de pie con los músculos tensos. Ada levantó una mano para calmarlas, aunque su propia respiración se había acelerado. —Tranquilas. Voy yo. Se acercó a la puerta con pasos cautelosos pero decididos. Cuando la abrió, el marco se llenó con tres figuras imponentes. Viktor estaba al frente, alto y serio, con esa aura de alfa Summer que siempre parecía llenar cu

