Capítulo 4: El Día de la Boda
El sol se elevaba en el horizonte, tiñendo el cielo de tonos cálidos mientras Nueva York despertaba para recibir el día más esperado. Isabella y Alexander, en sus respectivas habitaciones, se preparaban para unirse en matrimonio ante los ojos de la sociedad y, más importante aún, ante sus propios corazones.
Isabella, vestida en un elegante traje blanco que contrastaba con la oscuridad de sus gafas de sol, contemplaba su reflejo en el espejo. Aunque su imagen reflejaba serenidad, su corazón latía con una mezcla de emoción y ansiedad. Este matrimonio, que comenzó como un acuerdo pragmático, había evolucionado más allá de sus expectativas.
Alexander, en la habitación contigua, ajustaba su corbata frente a un espejo adornado con elegancia. Su reflejo mostraba una versión de sí mismo que rara vez revelaba al mundo. Aunque el matrimonio por contrato había sido un acuerdo racional, había una chispa de esperanza en sus ojos, una esperanza de que esta unión pudiera llevarlos a territorios desconocidos.
La ceremonia tuvo lugar en una iglesia majestuosa, con altos techos y vidrieras que dejaban entrar la luz celestial. Los invitados se acomodaron en los bancos, ansiosos por presenciar la unión de Isabella y Alexander. La atmósfera vibraba con anticipación y curiosidad, como si la ciudad misma contuviera la respiración para ser testigo de este momento extraordinario.
Isabella caminó por el pasillo con gracia, su mano apoyada en la de su padre adoptivo, quien la guiaba con amor y complicidad. A medida que se acercaba al altar, Alexander la esperaba con una mirada llena de admiración y asombro. Por un instante, el mundo pareció detenerse mientras sus ojos se encontraban.
El intercambio de votos fue un testimonio de la singularidad de su relación. Isabella, ocultando sus ojos detrás de las gafas oscuras, habló con honestidad sobre su deseo de encontrar estabilidad y protección en este acuerdo. Alexander, revelando capas de su corazón que rara vez mostraba, expresó su anhelo de compañía y la esperanza de que esta unión les llevara a un lugar donde ninguno de los dos había estado antes.
Cuando el pastor pronunció las palabras que los declaraban marido y mujer, el mundo estalló en aplausos y vítores. Isabella y Alexander intercambiaron una mirada cómplice, reconociendo que este matrimonio era más que un simple contrato. Era el inicio de una nueva etapa en sus vidas.
La recepción fue un festín de luces y risas, con la ciudad extendiéndose a sus pies como un tapiz luminoso. Los invitados brindaron por la felicidad de la pareja, mientras Isabella y Alexander bailaban en el centro de la pista, envueltos en la música y el misterio de su conexión única.
En un rincón tranquilo del salón, Isabella y Alexander compartieron un momento íntimo. Ella retiró las gafas oscuras, revelando sus ojos que brillaban con emociones genuinas. "Alexander, este día es más de lo que imaginé. No sé qué nos depara el futuro, pero estoy dispuesta a descubrirlo contigo."
Alexander la abrazó con ternura, asintiendo con una sonrisa. "Isabella, este matrimonio es diferente a todo lo que he conocido. No sé qué nos depara, pero estoy emocionado de descubrirlo juntos. Hagamos de este pacto algo más, algo auténtico."
La noche concluyó con los fuegos artificiales iluminando el cielo nocturno, reflejando la explosión de emociones en los corazones de Isabella y Alexander. Mientras se retiraban a su nueva vida como marido y mujer, sabían que este era solo el comienzo de una historia que, a pesar de haber comenzado en sombras y contratos, estaba destinada a brillar con la luz del amor verdadero.
El siguiente capítulo de su vida prometía desafíos y alegrías, pero con el compromiso de enfrentarlos juntos, Isabella y Alexander estaban listos para descubrir lo que el destino tenía reservado para ellos.