Aileen dio un paso atrás, luego otro, su instinto aún gritaba “huye”, como lo había hecho toda la tarde, el vértigo en su pecho creció al ver esos ojos clavados en ella como anclas, quiso correr, giró sobre sus talones, pero no dio más de dos pasos, la mano de Leo se cerró con firmeza alrededor de su brazo y en un instante la atrajo contra su cuerpo, Aileen quedó atrapada entre la neblina y el calor que él irradiaba, con el corazón desbocado, sus manos se apoyaron en su pecho, como si eso pudiera poner distancia, pero él no se movió. — Tengo que regresar a casa... — jadeó, con la voz temblorosa, la respiración entrecortada — No puedo quedarme, contigo. — Leo la miró fijamente, su rostro no mostraba enfado, tampoco súplica, había una intensidad contenida, algo primitivo, como si hubiera es

