Aileen bajó los escalones del instituto con el sol de la tarde golpeándole el rostro, y en cuanto alzó la vista, lo vio, Leo estaba junto a su camioneta, recargado despreocupadamente contra la puerta del copiloto, conversando con Noah, se reían de algo y el sonido de esa risa le caló hondo, no supo por qué, pero sintió una punzada en el pecho, seca, traicionera, como si algo dentro de ella se contrajera sin permiso. Quiso ignorarlo, no tenía derecho a sentirse así, no hay derecho cuando no hay nada, se dijo, y bajó la mirada, dirigiéndose hacia la bicicleta, pero apenas la vio, el mundo se le vino encima de nuevo. La llanta trasera estaba completamente desinflada, no, no desinflada: cortada. Alguien le había pasado algo filoso, otra vez. Un nudo se le formó en la garganta, uno denso, cali

