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1085 Palabras

- Saco de mierda, aprenderás a no meterte dónde no debes. - dijo el ruso para finalmente disparar en su columna. El viejo sabía el daño que causaría, una lesión en la médula era bastante grave. Solo era una pequeña advertencia de lo que sucedería si continuaban buscando a la princesa. El chico adolorido y ante el shock, se desmayó. Vladimir miró a sus hombres y les dió la señal para que lo cargaran al avión que lo devolvería a su país. Era un mensaje. - ¿Papá? - llamó Alaia. Habían pasado cuatro meses más, ella sonrió viendo los dibujos en su brazo, sí, se había tatuado. Damon le había regalado una sesión luego de que la rubia lo acompañara a retocar uno de sus tantos tatuajes, ahora ella tenía uno. - Hija mía, dime. - dijo Vladimir apareciendo con el cabello húmedo y ropa limpia

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