Y como lo prometió, me dio durante toda la noche como bombo en fiesta, al siguiente día me dolían partes de mi cuerpo que desconocía. Después de terminar completamente saciados junto con los primeros rayos del sol, descansamos durante la mañana, necesitábamos reponer energías, bueno, más yo que Kevin, si fuera por el seguiría en la misma faena todo el santo día. Por la tarde almorzamos en la suite del hotel y nos preparamos para ir a nuestra luna de miel. La cual, sería un recorrido por diferentes ciudades durante tres semanas. - ¿Estas lista esposa mía? - sonrió por sus palabras, me di cuenta, a pesar de llevar unas pocas horas casados, a Kevin le encanta llamarme así, no se cansa de decirlo. - Más que lista esposo mio, nos vamos? - me acerco a él y lo abrazo por la cintura pegan

