CUANDO TE CONOCÍ, CAMBIÓ MI VIDA.
Caminaba por las calles de Moscú distraídamente, cuando de pronto crucé la calle sin mirar el semáforo cambiarse a verde. El auto que me atropelló se fue a la fuga. Del susto me desmayé, no recuerdo lo que sucedió de ahí en adelante.
Al despertarme me di cuenta que estaba en un hospital. Miré hacia abajo y vi mi pierna enyesada. En ese momento entró una chica flaca, de cabello n***o corto; la cual era desconocida para mí.
Me miró, sonrió y dijo.
__ Por fin, despertaste.
Me le quedé mirando, tratando de acordarme dónde la había visto antes. No conseguí hacerlo. Ella se acercó y se sentó frente a mi cama.
Sonrió y volvió a decirme.
__ Te desmayaste al ser atropellada y yo llamé a una ambulancia para traerte al hospital.
Le respondí.
__ Entiendo, muchas gracias…
Se apresuró a decir su nombre.
__ Juliana, me llamo Juliana Vargas.
Le dije sonriendo.
__ Está bien Juliana, muchas gracias por todo. Me llamo Helena Cabral, pero mis amigos me llaman Hele.
Ella miró su reloj y se levantó.
__ Ya debo irme. Adiós Helena, que te mejores.
Yo le respondí junto con mi mano.
__ Adiós Juliana, gracias.
Se dirigió a la puerta y se marchó.
Al día siguiente me dieron de alta y mamá vino por mí. Me siento tan rara con muletas, ahora no podré caminar del colegio a casa... Cuánto disfruto ver el paisaje, los autos, detenerme en cualquier plaza, sentarme bajo los árboles... Tenía diecisiete años, a esa edad me alegraban los pequeños detalles.
Bueno... aún lo hacen. Llegamos a casa y subí a mi habitación. Me quedé pensando en aquella amable chica de ojos azules, me preguntaba si la vería de nuevo.
Era viernes, y como todos los viernes papá llegó. Pero ésta vez fue diferente. Subió a mi habitación a hablar conmigo. Me comentó que se mudaría a Polonia por un tiempo, por cuestiones de trabajo. Kevin, mi hermano mayor, estaba en Omsk cumpliendo servicio militar. Tal noticia me deprimió, ya que tengo más de un año sin ver a mi hermano y ahora no veré a papá. Además de eso estábamos recién mudados a Moscú y no conocía a nadie. ¡Apenas tenía una semana en la ciudad! Mis amigos quedaron en San Petersburgo.
El lunes mamá me llevó al colegio. Me dejó en la entrada y se fue a su trabajo. Estaba entrando cuando la vi. Era ella, la chica del hospital. La de los ojos azules... Le sonreí y la saludé con mi mano. Ella me miró, se acercó y sonrió.
__ Hola.
__ Hola...
__ ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu pierna?
__ Estoy bien. Mi pierna recuperándose.
__ Que bueno. ¿Sabes? Me alegra verte de nuevo.
__ A mí también - me sonrojé - A propósito, te debo una.
__ No te preocupes, no fue nada.
__ En verdad significó mucho lo que hiciste por mí. No tendré como pagarte...
__ Bueno, quizás haya una manera. Acepta ir a comer un helado conmigo a la salida, es a una cuadra de aquí. ¿Qué dices?
__ Ok, nos vemos a la salida.
__ Cuídate pelirroja.
Me dirigí al salón que me correspondía. Estaba vacío, aún no llegaba el profesor. Una chica de cabello rubio se acercó a mi pupitre y me dijo: __ Hola soy Anaís.
__ Hola Anaís, soy Helena.
__ Debes ser nueva. Escucha Helena ten cuidado con aquella chica «Juliana». Tiene fama de desvergonzada y pervertida... Le encanta coquetear con todas y llevarlas a la cama, vive sola. Está lesbianizando a las chicas. Si no quieres formar parte de su lista de conquistas, te recomiendo que te mantengas alejada...
Me dejó atónita sus palabras. Me negaba a creer que fuera cierto todo eso. No se veía de ese tipo...
Salí de clases y me encontré con Juliana en la entrada. Fuimos a la heladería y nos sentamos.
Mientras nos traían nuestro pedido yo estaba callada, pensaba en lo que me dijo esa chica «Anaís». Me sentí incómoda y ella se dio cuenta de eso.
__ ¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?
__ No, es sólo que algo me inquieta. ¿Es cierto que tú...?
Ella me interrumpió.
__ La respuesta es sí, soy lesbiana. Veo que Anaís ya te soltó su veneno. Ya te imaginarás por qué no tengo amigas. Anaís se ha encargado de destruir mi reputación.
Me sentí apenada.
Le dije: __ Si te hace sentir mejor, no le creí una palabra. No hago caso de chismes.
Vi como bajó un poco la guardia y se relajó. Me miró sorprendida.
__ Eres la primera que no se ha alejado luego de hablar con Anaís. Esa chica me detesta. Su amiga Stephany y yo estuvimos saliendo, nadie lo sabía. Ella se lo contó a Anaís, ésta no guardó el secreto. Les contó a todos que yo era lesbiana y tuvimos una pelea. Dejaron de hablarme. Stephany tuvo que dejarme, sus padres se la llevaron a otra ciudad. Anaís se sintió desplazada por su amiga, quizás creyó que yo tuve que ver. Desde entonces se ha encargado de decir muchas cosas de mí, y todos le creen porque yo no me preocupo en negar nada.
Sus ojos se cristalizaron.
__ Stephany estuvo en un momento muy difícil de mi vida y me apoyó mucho. Ha pasado un año y todavía me pregunto qué pude hacerle a Anaís para que me odie tanto...
Sus lágrimas comenzaron a salir. Le di un pañuelo para que se limpiara. Juliana se levantó de la mesa, se disculpó diciéndome que otro día conversamos y se fue.
Llegué a casa y me quedé pensando en ella. Se nota que tiene un sufrimiento que no quiere compartir con nadie... Talves no confía en los demás...
Al día siguiente no vino a clases. Aunque éramos de salones diferentes, compartíamos la asignatura de inglés. Le pregunté a uno de los profesores su dirección y al salir de clases fui a verla. Toqué el timbre y se sorprendió al verme.