Estaciona fuera de la propiedad, baja del auto y con completa confianza teclea los números de acceso en la puerta.
—Frida, ¿volviste? —la voz de Adrián le revuelve las entrañas, pero esa sensación le dura pocos segundos, encuentra a Adrián en el suelo, con la espalda apoyada en un sillón, una botella de whisky en la mano, la casa es un desastre, él es un desastre.
—Adrián —Emilia deja caer su bolso y corre los pasos que la separan de su ex esposo.
—Emilia, ¿qué haces aquí? —pregunta sin levantar la mirada.
—¿Qué esta pasando Adrián? — se agacha a su altura y lo confronta, pero el no levanta la mirada, su atención esta en el suelo—.Responde Adrián.
—Emilia, yo... —su voz se quiebra y lanza la botella lejos de él, el impacto provoca que los vidrios y el líquido se esparsan por el piso.
—¿Qué te pasa? —por un segundo Emilia se asusta por la violenta reacción—. ¿Adrián? —cuestiona moviendolo del hombro, pero el hombre sigue con la mirada perdida en el suelo.
—Déjame, vete, ya no tienes nada que hacer aquí —rebate con una mezcla de dolor y decepción .
—En eso tienes razón, no tengo nada que estar haciendo aquí, solo vine para saber porque llevas tanto tiempo sin aparecer por la empresa.
—La empresa, ja— ríe con ironia—. Es lo único que te importa, esa maldita empresa es lo único que has amado siempre —el rencor en sus palabras es palpable.
—Qué estupideces dices, ahora mismo me dirás que está sucediendo, por qué estas así, sucio, borracho y mal oliente —ordena tomándolo con fuerza de la barbilla para que le de la cara.
—Dejame en paz maldita sea—grita enfurecido, pero Emilia no se intimida con un grito.
—Adrián— grita en respuesta y cansada de que la evada le golpea la cara con la otra mano —Mirame carajo.
—¿Que te mire?, ¿no te das cuenta? —rebate a punto de tener un ataque de histeria—. Estoy ciego estúpida mujer, ciego.
—¿Qué? —lo suelta con manos y voz temblorosa—. Adrián —lo llama comprobando que efectivamente, los ojos de él no han coincidido con los suyos en ningún momento.
—Ahora vete a la empresa, quedatela toda, largate.
—¿Có... como? —su voz salió en apenas un susurro.
—No te importa, jamás te ha importado nada— al fin soltó sus sentimientos, lloró como un niño y escondió su rostro en sus manos, Emilia lo atrajo a sus brazos y él no se negó, en cuanto la sintió se aferró a ella, lloró en su pecho mientras ella lo envolvia con su cuerpo, ambos lloraban.
—Emilia —lloraba el hombre que unos meses antes era fuerte, vigorozo y seguro.
—Aquí estoy —sabía que no era momento de hacer preguntas, sino de consolarlo y así lo hizo, lo sostuvo en sus brazos hasta que pudo desahogarse por completo y soltarla.
—¿Qué fue lo que paso? —preguntó una vez su ex se había calmado.
—No lo sé, un día desperté así.
—¿Ya viste a un médico?, ¿por qué no estas en un hospital?
—El médico dijo que es estres.
—¿Estrés?, necesitas ir a otro médico, vamos te llevaré ahora mismo —se puso de pie e intento jalarlo para incorporarlo.
—No, no tiene caso, el médico que me atendió me hizo muchas pruebas, no hay nada, nada que justifique la ceguera, solo un estado de estrés severo.
—Debemos buscar otra opinión...
—Dije que no — volvió a gritar, los cambios de humos eran demasiado efusivos.
—Tranquilizate —Emilia le colocó una mano en el pecho.
—¿Cómo me pides estar tranquilo?, esroy ciego maldita sea, ciego —volvió a gritar –. Eres una insensible, como siempre lo has sido. —Emilia bajó la cabeza, pues Adrián tenía razón, no era insensible, pero siempre procuró dar esa apariencia.
—Debes darte un baño e ir a la cama, vamos —le acarició la mejilla y el ladeo el rostro hacia su mano, como un niño herido, pequeño y herido— toma mi mano.
Adrián obedeció y se puso de pie, con ayuda llegó al baño.
—Dejame hacerlo— con cuidado comenzó a desvestirlo, había visto su cuerpo desnudo incontables veces, Adrián no era tímido como ella, él se desnudaba frente a su esposa, dormía desnudo y en ocasiones andaba por la casa sin nada de ropa. Así que fue fácil notar los cambios, estaba más delgado, demacrado y tenía marcas en el cuerpo.
—¿Por qué tienes tantas marcas de golpes en el cuerpo?
—No es fácil ser ciego, me golpeo con todo y las caídas son cosa de todos los días —a Emilia se le estrujó el corazón al escucharlo derrotado pero también se enojó.
—¿Qué hay de la zorra a la que tienes viviendo aquí?, ¿acaso no se encarga de ti? —su voz fue dura y acusatoria.
—No hables así de Frida, ella ha sido mi única compañía, es quién me llevó al médico, me da mis medicamentos, se encarga de la casa y de todo lo que dejé en la oficina.
—ja —resopló con fastidio, la casa estaba hecha un desastre y en la oficina no hacía más que encargar reportes que nisiquiera entendería mientras Marco era quien en verdad se encargaba del departamento— Pues no es muy diligente la zorrita.
—¿Por qué lo dices? —preguntó poniendose de mal humor, él tenía a Frida en un concepto muy diferente al de todos, ella había sido dulce y delicada con él, no pedía nada a cambio, le hacía sentir querido y deseado, lo que siempre había esperado de Emilia.
—La bañera está lista, mete un pie con cuidado —decidió ignorar la pregunta, Adrián no necesitaba más estrés— no te sueltes de mi.
Con cuidado entró al agua y suspiró al sentir el agua tibia envolviendo su cuerpo, el aroma de las sales de baño era más fuerte que de costumbre, la sensación en su piel también era diferente, parece que sus demás sentidos se estaban agudisando sin la vista tomando protagonismo.
—¿Ya comiste? —preguntó mientras le lavaba el cabello. Adrián negó con la cabeza. Después de bañarlo por completo y de que se relajada, lo ayudó a llegar a la cama, le dio ropa limpia y lo peinó dejándolo como él acostumbraba.
—Quedate aquí, te prepararé algo.
—No es necesario, Frida volverá con comida, no tienes que molestarte más por mi.
—Aun es temprano— respondió apretando el puño, la sola mencion de esa mujer le hace querer golpear al hombre ciego frente a él— pero si prefieres esperarla, esta bien, me voy — y así, aguantando las ganas inmensas de desquitarse con él, sale de la habitación y de la casa, la forma de hacer sonar sus tacones y la velocidad de sus pasos, le hacen darse cuanta a Adrián que se fue enojada y no la culpa, al contrario, agradece la visita y la compasión.