—Cachorrito, se me hace tarde para ir a la empresa, pero en el refrigerador hay comida, con mucho cuidado puedes llegar a la cocina —Frida se despertó tarde y no tenía intención de atender a Adrián.
—Buscaré quien te ayude con las cosas de la casa, ya haces demasiado.
—Me parece bien, así solo me ocupo de la empresa y de cuidar de ti, te amo cachorrito, te veo en la noche —se despide con un beso y se va con prisa.
Al llegar a la empresa, se topa con Emilia al bajar del auto de Adrian que ahora ella conduce.
—Emilia —la llama con esa voz que hace sentir náuseas a la mencionada.
—¿Qué quieres? —se voltea levantando una ceja.
—Primero, debes tratarme con más respeto, una empleada no puede tutear a la mujer del dueño —la cara de desagrado en Emilia se hizo más evidente—. Segundo, quiero un reporte del departamento de logística del último año.
—¿Un reporte? —rio con fuerza— ¿para que quieres algo que no entiendes?
—Quiero mostrarle a mi cachorrito lo mal que esta ese departamento que diriges.
—Jason ya te ha dicho que tú aquí no puedes exigir nada, sigues siendo una asistente, no importa con quien te revuelques en la cama —después de hablar con altivez y soberbia, se da la vuelta y regresa a su auto.
—Estúpida, que siga entretenida intentando mandar, nadie le hará caso a la zorrita —sale del estacionamiento y conduce a la que meses atrás fue su casa, pues si Frida estaba en la empresa, quiere decir que dejó solo a Adrián y eso es inconcesible para ella, antes, hace una parada para comprar algunos ingredientes. Al entrar a la casa, en silencio fue a la habitación y encontró a Adrián dormido, con la misma ropa con que lo dejó ayer, la habitación desordenada y la cocina prácticamente vacía. Después de un rato, ya tenía la sopa hirviendo en la estufa.
—Maldición — se escuchó el grito de Adrián.
—¿Qué te paso? —rápidamente, Emilia llega a él, esta en el suelo y su pie sangra.
—Creo que pisé uno de los vidrios de la botella de ayer — se queja sintiendo mucho dolor.
—¿Por qué te levantaste?, te hiciste daño y ahora tendré que curarte —Emilia le acaricia el tobillo del pie lastimado.
—Tenía hambre y olí el aroma de tu sopa —quise venir a averiguar si era mi imaginación o estabas cocinando.
—Pudiste haber hablado, no puedes andar caminando por ahí, la casa es un tiradero, por eso tienes el cuerpo lastimado, por Dios Adrián —resopla exaltada—. Voy por el botiquín.
—Gracias por estar aquí —con un poco de vergüenza agradece a su ex por tenderle la mamo en su momento más vulnerable.
—¿Por qué no nos dijiste nada?, pudiste haber pedido ayuda con Marco, con Jason, conmigo, ¿por qué ocultaste tu condición? —reprocha lo más tranquila que puede.
—No creí que te importara, pensé que te alegraría, después de lo que te hice... —agacha la cara y bufa antes de continuar—. Tampoco quería lástima, pensé que sería cuestión de horas recuperar la vista, cuando los días pasaron me aterré.
—Hiciste mal, jamás te dejaría a tu suerte, por los buenos tiempos— hace una mueca que apenas parece sonrisa—. Ya no hablemos ma de lo que pasó, en lo que se termina de cocinar la sopa te daré un baño, para que estés relajado debes estar bien alimentado y limpio.
—Extraño tu comida —sonríe por primera vez en muchos días
—Preparé tu sopa favorita.
—Lo sé, el olor es inconfundible, igual que el tuyo.
—Hoy no me puse perfume —responde contrariada.
—No me refiero a tu perfume, sino a ti, tienes un olor, tu esencia, es un olor familiar, ahora que no puedo ver, lo percibo con más claridad.
—Tus sentidos están más sensibles, vamos al baño, camina despacio.
Mientras Emilia ayuda a Adrián a vestirse, este le pide un favor más.
—Necesito que contrates a alguien para limpiar la casa, que venga una vez a la semana, ya sabes que no me gusta tener gente extraña en casa pero es necesario.
—Llamaré a una agencia y pediré que envíen a una persona, también deberías contratar a una enfermera.
—No, eso no, no me gustaría que una desconocida ayude a bañarme, lo haré yo mismo, solo debo ir más despacio, conozco la casa.
—Terco, como siempre, no haré que cambies de opinión.
—¿Esta lista la sopa?, muero de hambre.
—Si, esta lista, ¿prefieres comer aquí en la habitación ao quieres ir a la cocina?
—A la cocina, sirve que me voy acostumbrando a moverme por la casa.
—Perfecto, pero no hables como si tú condición fuera para siempre, si se trata de estrés lo único que debes hacer es mantenerte tranquilo. Aunque preferiría que veamos a otro doctor.
—Quiero la sopa —Adrián prefirió no seguir hablando, su estado anímico es terrible, no quiere pensar en más doctores ni pruebas, lo único que desea es encerrarse en casa hasta que la pesadilla termine, pues aunque no lo acepte, el haberse divorciado lo ha mantenido sumido en depresión.
—Te guio, toma mi mano —frase con más sentido que el ayudarlo a llegar a la cocina, y eso ambos lo saben y sonríen.