—Maldición —gritó Emilia en la cocina, han pasado varios días y Adrián no tiene mejoría, ella pasa la mañana con él, parte de la tarde y después va a la empresa, a revisar reportes y papeles, ha estado tan ocupada que no descansa lo suficiente.
—¿Qué pasa? —Adrián se desespera por no saber que ocurre.
—Me cayó agua caliente encima, por fortuna en la blusa.
—¿Te quemaste?
—No, todo cayó en mi blusa y me la quité rápido, solo sentí lo caliente pero no dañó mi piel.
—¿Estás segura? —se pone de pie y rodea la barra para estar frente a ella.
—Segura —respira profundamente por tenerlo cerca y estar en sostén.
—Sé que no te desprenderias completamente de la empresa, seguro vas en las noches —asegura poniendo un rostro decepcionado—. Debes estar cansada, te la pasas atendiendome.
—Estoy bien, solo debo dormir un poco más.
—No, necesitas descansar de mi, puedes contratar a alguien que venga diario a prepararme de comer.
—Por supuesto que no —niega de inmediato—. Estas acostumbrado a mis comidas, conozco bien tus gustos, no estas en condición de comer algo que quizá no te agrade.
—Te esfuerzas demasiado y no tienes porque hacerlo, después de lo que te hice no merezco tus atenciones, ni tu compañía.
—En eso tienes razón, no la mereces— suspira resignada—. Pero aquí estoy, no te dejaré a tu suerte, por los viejos tiempos.
—Eres demasiado buena — ríe con timidez y estira la mano para intentar tocar su mejilla, torpemente llega al rostro de Emilia y la acaricia como solía hacerlo.
—Debo secar mi blusa, ya no hay nada de mi ropa en esta casa y no pienso tomar prestado nada de la zorrita— comenta para dispersar los nervios de tener de nuevo a Adrián tan cerca.
—Puedes estar desnuda si quieres, no puedes sentir pena, no podré verte —bromea haciendo reír a su ex.
—Es verdad, me quedaré sin blusa —ríe y sirve el desayuno para ambos.
—He estado escuchando música, me ha servido mucho para entretenerme y relajarme, los comandos de voz son el mejor invento de la historia.
—Si, lo son—responde sin ánimo.
—Deberías tomar un baño e ir a descansar.
—Esta vez te tomaré la palabra, me recostaré en una de las habitaciones.
—Iré contigo, mientras te bañas me cuentas todo lo que ha pasado en la empresa.
—¿Qué? Sabes que me gusta la privacidad.
—No seas remilgosa, no puedo ver nada —responde ofendido.
—Bien, supongo que tienes razón, será como estar sola —ya en el baño, Emilia se despoja de la ropa, aunque Adrián no pueda ver nada, saber que está ahí, frente a ella, le produce nervios, comienza a hablar y le cuenta todos los movimientos que se han hecho en su ausencia, los nuevos clientes y las rutas que se han hecho.
—Parece que no hago falta —arruga el entrecejo.
—Por supuesto que haces falta, tanta que Marco tuvo que contratar una asistente y Jason le ha estado ayudando también, ¿te imaginas?, Marco y Jason trabajando juntos en una oficina —se ríe al pensar que ese par no se tolera—. Son tan profesionales que hacen sus diferencias a un lado.
—Me encantaría ver eso —ríe también, pero algo de lo que dijo Emilia le causa más curiosidad—. Ya había una asistente, ¿necesitó de otra?
—¿La zorrita? —bufa con un toque de diversión— se mudó a tu oficina desde que dejaste de ir, dejó de ser asistente y se autoproclamó tu representante —no le da más quejas para evitarle el estrés y porque no se cree capaz de mantener la calma si continua hablando de Frida.
—Solo quiere ayudarme —Adrián la tiene en un concepto de ser buena y bondadosa.
—Terminé —avisa haciendo acopio de toda su fuerza para no pelear con su ex —. Estaré un rato en la cama —se seca el cuerpo y sale del baño pasando junto a Adrián que estaba recargado del marco de la puerta.
—Descansa —con lentitud, Adrián llega a la orilla de la cama en donde Emilia se seca el cabello con una toalla.
—¿Qué haces Adrián? —pregunta al verlo sentarse en la cama, recargado de la cabecera, ocupando la mitad del colchón.
—Me quedaré aquí, esperaré hasta que te levantes —responde sin darle mucha importancia.
—¿Por qué harías eso? —si Adrián pudiera verla, notaría el rostro de sorpresa.
—Porque tampoco tengo otra cosa que hacer, cuando no estas me aburro demasiado, solo la música me distrae.
—Puedes quedarte, deberías dormir también, tienes ojeras —cuelga la toalla en el perchero y se acuesta dando la espalda al hombre. No pasa mucho tiempo cuando siente un brazo envolviendo su cintura, es familiar y se siente absolutamente bien, no desea hacerlo a un lado, al contrario, se acomoda mejor para que su espalda esté en contacto con el pecho de su ex y así, se quedan dormidos, más tiempo de lo que pensaban.
—¿Despertaste? —pregunta Adrián cuando la siente moverse en su pecho.
—Si— responde con pereza—. Te prepararé algo de comer, ya es tarde —se sorpende al ver la hora.
—Pedí comida por teléfono —contesta con el rostro en la cabeza de Emilia, respirando el olor de su cabello.
—¿En serio?, ¿Cómo hiciste eso? —aun abrazada, se da la vuelta en la cama para quedar frente a su ex.
—Te dije que los comandos de voz son una maravilla, solo tengo que decirle a mi teléfono que hacer y listo —por instinto, su mano acaricia la espalda de Emilia—. Podemos quedarnos en la cama hasta que llegue el pedido.
—Tendré que ponerme ropa tuya para recibirlo —vuelve a cerrar los ojos.