Siempre

966 Palabras

Aún era de madrugada. La habitación estaba sumida en una penumbra tranquila, apenas iluminada por el tenue resplandor de los relámpagos que se colaban por la ventana abierta. La tormenta seguía rugiendo afuera, el viento arremetiendo con fuerza, y las gotas de lluvia golpeaban los cristales como si intentaran colarse en nuestro refugio. Me desperté sintiendo un peso cálido alrededor de mi cintura. Abrí los ojos lentamente y me di cuenta de que no estaba sola. El brazo de Gabriel me rodeaba, su cuerpo estaba pegado al mío, protegiéndome del frío que invadía la habitación. Intenté moverme, pero su abrazo era firme, y cuando alcé la vista, me encontré con su mirada fija en mí, oscura y llena de algo que me hizo estremecer. —La ventana está abierta —murmuré, más para distraerme de la intensi

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