Capítulo 51 — Frente a la casa El camino hacia la casa de los suegros de Clara se había vuelto un pasillo estrecho, donde las palabras se tropezaban con el ruido del motor. La tarde caía gris, y el reflejo del mar se colaba por la ventanilla como un espejo inquietante. Clara viajaba con la mirada fija en el horizonte, sin dirigirle una sola palabra a Martín. El ceño fruncido, la respiración corta y la mandíbula apretada hablaban por ella. Por dentro, era un torbellino: enojo, desilusión, cansancio y miedo. Martín, con las manos firmes sobre el volante, rompió el silencio al fin. —Clara… ya están presos. —Su voz salió ronca, como cargada de plomo—. Hice la denuncia, y parece que hay por lo menos seis personas más estafadas. Seguramente voy a recuperar el local que tuve que vender. Esper

