Capítulo 50 — La verdad entre los tres La doctora Mariana cerró la carpeta con los análisis y levantó la vista hacia Clara, que permanecía sentada en la camilla, con el rostro pálido y los ojos cargados de sombras. —Clara, quiero que Martín esté presente para hablar de los resultados. ¿Querés que lo haga pasar? Clara respiró hondo, como si le faltara el aire. Sus manos temblaban sobre la bata blanca, pero aun así alzó la mirada con firmeza. —Sí, doctora. Que pase. La puerta se abrió lentamente. Martín entró con pasos inseguros, el rostro marcado por el cansancio, las ojeras profundas, los ojos rojos como brasas apagadas. Tenía las manos inquietas, como un niño sorprendido en falta. La tensión se instaló de inmediato, densa, cortante, casi insoportable. Clara lo miró fijo, con los lab

