Mi cuerpo reacciona antes de que pueda pensarlo. Mi pierna se mueve con fuerza y le doy una patada en la espinilla. No es suficiente para soltarme, pero suelta una maldición y me sacude con violencia. —¡Casi muero, pedazo de basura! Katerina se lleva una mano a la boca fingiendo sorpresa, pero la burla en sus ojos es evidente. —Oh, pobrecita Nadya… ¿Todavía te duele? Las risas explotan alrededor de mí. Irina, Katerina y el hombre carcajean como si estuvieran disfrutando de un espectáculo. Siento que mi cabeza va a explotar. —Eres un poco hombre —le escupo con rabia. —Oh, por favor, no exageres —Katerina rueda los ojos—. Si sigues viva es porque no valía la pena ensuciarme las manos contigo. Cada palabra es como una daga clavándose en mi pecho. Mis manos están atadas, mi cuerpo déb

