+NADYA+ Despierto sobresaltada, jadeando, con la sensación de que el mundo entero está apretando mi pecho. La luz blanca y cruel del techo me golpea los ojos como una bofetada, cegándome por un instante antes de que todo vuelva a enfocarse. El aire huele a desinfectante, frío y metálico, como si la misma habitación estuviera diseñada para borrar cualquier rastro de humanidad. La sábana áspera y dura me roza la piel, y de inmediato siento el ardor en mi brazo y mi pierna. El dolor no es punzante, pero está ahí, latente, como un recordatorio constante de que algo salió terriblemente mal. Intento moverme, pero es como si mi cuerpo me estuviera traicionando. Cada pequeño intento de girarme o levantarme provoca un espasmo que me arranca un gemido silencioso. Miro hacia abajo y veo los vendaje

