CINCO.

1464 Palabras
Callum. Perra entrometida. Entro con pasos pesados en mi oficina después de atender una puta urgencia, Liam está esperando por mí con dos vasos de café humeante, todo lo que quiero hacer justo ahora es tomar a la pequeña depresiva entre mis manos y obligarla a desparecer. Pero estoy seguro de que Liam puede darme algunas respuestas, necesito saber todo lo que pueda sobre ella, cada maldito detalle y ese mensaje que me envió con su pobre dirección no fue suficiente, sin un nombre ni un diagnóstico. Me obligo a sonreír tomando el café de su mano, asegurándome de rozar nuestros dedos, el contacto humano te hace sentir cerca de las personas, la confianza hace que se abran como un libro frente a tus ojos si agrego los sentimientos que tiene por mí, Liam seguro cantara todo como un pájaro. -Hola Li. -Hola Call, escuche que querías verme.- la invito a sentarse en el sofá de mi oficina, me alejo tanto como puedo de ella. -Es sobre tu paciente, la que enviaste a mi casa la última vez, ¿Cómo es que se llamaba?... siento olvidar su nombre es solo que tengo tantos pacientes. Sus mejillas se ponen de un color rosa intenso, sonríe. -Por supuesto, es natural olvidarla.- No. no lo es, no puedo sacarla de mi maldita mente especialmente porque continúa apareciendo frente a mí, escuchando y viendo cosas que no debería. Sin embargo, por una extraña razón parece familiar… -Su nombre es Willow Wo…- se detiene frunciendo el ceño con dureza.- Solo Willow, escucha, no puedo decírtelo todo porque eso violaría las reglas, pero no puede hablar. Aprieto la mandíbula, todas las veces que la obligue a hablar, simplemente no podía hacerlo. Increíble. -¿Es una afectación medica? -No lo sabemos. Ha ido con tantos especialistas y todos han concluido que no tiene nada que ver con su voz, las cuerdas vocales, la tráquea, incluso el cerebro esta bien. Parece que simplemente es algo psicológico. -Un trauma. -Lleva años tomando terapia y no hay ningún resultado, esperaba que, si le practicas algunos exámenes puedas descartar cualquier cosa, confío en ti Call. No responde directamente a mi diagnóstico, pero la chica sin voz no parece exactamente feliz, su mirada esta apagada la mayoría del tiempo, su cuerpo es tan delgado que parece que solo come para sobrevivir y sus facciones no tienen vida, es como un maldito zombi, sé perfectamente como se ven los inicios de la depresión, mi hermana pequeña me lo mostro. -Si todo el mundo dice que no, debe haber una razón Li, quizá necesita mucha mas terapia. -No tengo tiempo para eso. -¿Por qué? Medita la respuesta, la inquietud se planta en mi estómago. -Solo ayúdame, hazle las pruebas, si tu respuesta sigue siendo la misma al final, veré que puedo hacer. Ella parece importante para Liam, ¿Por qué? -Debe ser una buena persona, estas preocupada por ella. Sonríe tímidamente. -Estoy haciendo un estudio sobre algunos traumas específicos, si puedo ayudarla a recuperar su vida, entonces habré dado un enorme paso. No quiere su bienestar, solo busca un beneficio, no me extraña siendo sincero y no me importa en absoluto, pero Willow es una muñeca rota y no es divertido jugar con algo que no sirve, eso me convertiría en un maldito cobarde. -Lo haré.- termino aceptando, tendré que hacer que vuelva por su propia voluntad luego solucionare lo que vio. -Gracias Call, de verdad cuento contigo. -No te preocupes Li, haría cualquier cosa por ti. Me pongo de pie y ella me sigue, abro la puerta de mi oficina dejándola salir me despido con un suave beso en su mejilla y cierro la puerta, casi de inmediato recibo un mensaje de mis padres, tengo que ir a casa. *** -¡Hijo!.- mi madre anuda sus brazos en mi espalda, mi padre estaba solo detrás de ella con un vaso de Ron y un cigarrillo en la mano, sonrió suavemente. -Hola mamá.- salude devolviéndole el abrazo con una sola mano. Odiaba volver a casa, ellos siempre hacían toda esta mierda. Cuando volví a la ciudad, no esperaba una puta fiesta enorme con gente que no conocía, pero ellos lo hicieron, me presumieron frente a todas las personas como su bonito trofeo. Supe desde el momento en el que mi hermana Lizy nació que ella estaba hecha para hacer cosas increíbles y supe también que la protegería contra cualquier amenaza porque nunca sentí tanta calidez en mi pecho como cuando nació, al fin había llegado mi cómplice, alguien a quien podría contarle mis secretos y mis defectos, alguien que no me vería y pensaría en explotar mi potencial para ser un maldito robot, así que no deje que mis padres la corrompieran, nunca deje que la presionaran que la obligaran a estudiar medicina, que la obligaran a comer sus vegetales, traía dulces para que ella pudiera comerlos siempre que lo quería, simplemente la dejaría hacer lo que quisiera cuando lo deseara. Como consecuencia, me sacrifique por ambos, si les daba lo que tanto esperaban, no se meterían con ella, así que aquí estoy, en las portadas de revistas, en los anuncios de medicina avanzada, en las paredes del hospital, finjo ser el hombre perfecto, el hijo perfecto, el medico perfecto, el jodido amigo perfecto es difícil especialmente porque cada vez quieren más y más de mí. Todo el maldito mundo mantiene sus ojos sobre mí. -Vi tu última entrevista muchacho, nos haces sentir orgullosos.- el pecho de mi padre se infla como un globo, pero lo detesto, odio esa mirada de suficiencia, el sentimiento de culpa se clava en mi pecho como agujas, mi padre el dueño de nuestro famoso hospital es un mal hombre, ha asesinado por dinero y poder, ha llegado tan lejos pisoteando y usando, ¿lo peor? Es que soy igual que él, me quedo callado aun sabiéndolo, lo que hace… porque soy un maldito cobarde, soy la única pieza que puede mantener unida a esta familia. Si mi hermana se entera correrá porque es lo que mejor sabe hacer, esconderse bajo las sábanas y no podré protegerla, si mi madre lo sabe probablemente quiera barrerlo bajo la alfombra. -¿Por qué querían verme?.- ignoro sus palabras sentándome en la sala de estar. -¿No podemos ver a nuestro hijo? Estas tan ocupado que no tenemos idea de como estas.- mi madre se sienta a mi lado tomando una mano entre las suyas. Sé que están mintiendo, les gusta jugar este juego, hacernos sentir importantes para obligarnos a darles lo que quieren, piensan que pueden manipularme porque siempre he cedido, lo hago porque no tengo problema en hacerlo, es decir, voy a quedarme con el hospital, tengo dinero, buena reputación ¿Qué más podría pedir? -Estoy ocupado con el trabajo, ya saben cómo funcionan las cosas en el hospital. -Date un respiro muchacho, sal con chicas. Así que ahí es a donde quieren llegar. -No podré darles la atención que se merecen.- aprieto los dientes, la ira se forma rápidamente en mi estómago. Quieren que me case con una mujer que no tenga determinación, una chica dócil que pueda manejar a mi antojo una a la que pueda llevar a las fiestas de elite del brazo, que sonría y finja que tenemos la vida perfecta, quieren nietos con sonrisas de ángel y un montón de mierda que odio porque ya he visto el fuego formándose en una mujer, he visto lo increíble que es el amor con alguien fuerte y poderosa. Esa es la única parte de mi vida que es realmente mía y no estoy dispuesto a cedérsela a nadie, ni siquiera a ellos. Nadie puede tener mi corazón, nadie puede robar lo único que me pertenece. -No necesitas tiempo, necesitas dinero y poder, sabes que la hija de Evan es lo suficientemente grande ahora y fue dejada en el altar, quizá… Me pongo de pie de inmediato quitándome el polvo imaginario de la americana. -Tengo dinero y poder, sabes que puedo manejarlo, ¿Cuántas veces he fallado?.- se lo que ve en mis ojos, sé que él lo sabe, que soy el único que guarda sus secretos. -Tienes razón, solo queremos lo mejor para ti.- dice bebiendo un trago de su vaso. “Solo quiero saber que todavía nos perteneces” Sonrió como siempre lo hago, mis dientes blancos están afilados ahora. El ambiente se vuelve tenso, tomo a mi madre en un abrazo, estoy furioso con ella, por aceptar toda la mierda que le da mi padre, pero no la culpo, han venido de la pobreza y una vez que lo tienes todo es difícil soltarlo. Salgo de la casa y subo a mi auto, poniendo las manos sobre el volante. Necesito salir de aquí.
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