Logan.
Son las cuatro de la mañana. No puedo dormir otra vez, siempre las pesadillas. Estoy acostado en mi cama. Me debato si levantarme o no. He pasado una noche horrible, no podía conciliar el sueño. La ansiedad estaba consumiendo mi alma. Imagino cosas que no debería cuando estoy intentando dormir. Y las pesadillas me despiertan después de las pocas horas que he dormido.
Las pesadillas son por mí padre biológico.
Viví con él hasta los cuatro años. Tengo recuerdos borrosos, pero sé que me maltrataba, abusaba de mi con golpes. Me hacía sentir que era un inútil.
Me acuerdo de que fui muchas veces al hospital. Son pequeños lagunazos que me vienen a la mente, pero las cicatrices que tengo en mi cuerpo me recuerdan que no son sueños o alucinaciones que he tenido.
Una vez fui al hospital por quemarme con agua caliente.
Según, el historial médico, yo estaba cerca de la cocina y yo toque la olla. Me quemé solo las manos. Las pequeñas manchas rojas me recuerdan que no pudo haber sido así. Si hubiera tocado la olla, esta hubiera caído encima de mí, dejando todo mi cuerpo con cicatrices.
Otro día puso mis manos en el disco de la cocina. No recuerdo porqué. Me parece que fue por una travesura. Todos pensaron que fue un accidente.
No me parece que fuera así.
No me parece que haya sido un accidente.
Como sé que no voy a dormir más, me levanto de la cama para bañarme. Y aprovechar a quitarme los recuerdos tormentosos de esos días. Me quito la ropa y me detengo un momento. Mi mirada verduzca se devuelve en el espejo.
También tengo cicatriz de una cortada en mi abdomen.
Es una línea curva blanca que está en mi tripa. Del lado derecho. Mis recuerdos explican que fue mi padre, enojado por una travesura que hice. Solo sentí un dolor horrible. No sé qué pasó después. Lo único que recuerdo es que estaba en una camilla del hospital, mientras una doctora me veía con ojos en sus lágrimas.
Esa doctora fue mi ángel, y se convirtió en mi madre adoptiva. Olivia. Ella me vio y me salvó de mi padre, adoptándome. Su esposo y ella me hicieron parte de su familia, me dieron el apellido Miller. Soy Logan Miller.
Además de un apellido, me dio personas en las que puedo confiar y sentirme querido. Con ellos experimenté el amor de la familia. Me aceptaron en su familia.
Solo pasaron pocos meses para que fuera parte de su hogar. Tuve que estar en hogares de acogida, mientras hacían el papeleo.
Ahora soy un adolescente de dieciséis años, feliz de ser parte de ellos.
Abro el grifo de la ducha y empiezo a bañarme. Me pongo a pensar en donde estaría ahora si mi padre biológico no me hubiese abandonado. ¿En un correccional para menores? De seguir con mi padre hubiera terminado muerto, o viviendo en la calle.
Siento que fue un milagro lo que sucedió. Me rescataron de las maldades y maltratos de ese hombre. Siempre estaré agradecido por eso.
La vida me demostró que puedo tener más oportunidades.
De mi madre biológica no sé nada. Nunca supe que sucedió, y tampoco le podía preguntar a mi papá en ese entonces. Me daba miedo que hiciera algo malo para tener alguna excusa y castigarme.
Salgo de la ducha y me visto con un jean color n***o y una camiseta blanca. Hoy es viernes, faltan pocos días para entrar a un nuevo curso lectivo. Sinceramente, no tengo ganas. Me han cambiado dos veces de colegio por causar peleas y expulsiones.
Soy un poco callado para tener mi edad. No me gusta hablar con personas que no confío. Así que siempre estoy en silencio. Tuve un par de amigos en el colegio pasado, llegaron de buena manera y se ofrecieron a hacer un trabajo grupal conmigo. Desde ahí empecé a ser un poco más social. Sin embargo, me metí en una pelea el último día que estuve en ese instituto.
Mis compañeros se dieron cuenta que era adoptado, y empezaron a hacer burlas respecto al tema. No pude impedirlo, me provocaron e inicié una pelea.
No me molesta ser adoptado, como digo, para mí es una bendición que encontrara a estas personas y me acogieran en su familia.
Pero, dijeron cosas de mi mamá Olivia. No pude evitar defenderme.
Mi mamá me matriculó en clases de karate. Fue una manera de liberar la tensión acumulada. Y fui muy bueno. Los trofeos que hay en el estante de mi habitación me lo recuerdan siempre.
Y bien que golpee a mis compañeros.
−¿No podías dormir, Logie? −Dice mi mamá al verme bajar las escaleras.
−No mamá. No pude. −Murmuro.
Me siento en los banquitos del desayunador. Mi mamá me pone una taza de café. Sonrío. Me conoce demasiado. Se sienta al frente mío.
−¿Quieres hablar de eso? −Pregunta. Ya tiene puesto su uniforme del hospital.
−No, mamá. No te preocupes. −Le sonrío para tranquilizarla.
−Sabes que puedes confiar en mí… ¿Verdad? −Dice, tomando mi mano.
−Sí, mamá. Lo sé. −Murmuro incómodo.
Por un momento siento la tensión recorrer mi cuerpo. Estoy trabajando en eso. Debido a mis heridas de quemadura no soporte el toque en cualquier parte de mi cuerpo. Me empiezo a sentir incómodo cuando alguien en el que no confío está muy cerca de mí. Y es peor cuando tengo contacto con ellos.
Todavía estoy acostumbrándome a mi familia. Ellos entienden que lo estoy intentando. Pero me cuesta mucho sentirme tranquilo con ellos.
Lentamente retiro mi mano de la de mi madre. Siento una punzada al corazón cuando veo la mirada triste de mi mamá.
−Sabes que el doctor Smith me ha hablado y nos dio el consejo de que abrieras tus sentimientos. De verdad que no quiero que dejes de estar con nosotros y encierres tus emociones en una pequeña cajita. ¿Me prometes que vas a contarme tus problemas?
−Sí, mamá.
El doctor Ethan Smith, es un psicólogo de Seattle. Después de que mi mamá me acogiera en su casa, decidió que la mejor manera de ayudar a mi salud mental era llevarme al psicólogo. No quiere que reprima los sentimientos. Dejé de ir a verlo por un tiempo, pensaba que estaba mejor, pero al cumplir los quince años y empezar la pubertad, no podía controlarme y me metía en muchas peleas en mis lugares de estudio.
Así que volví a las consultas quincenales con el Doctor Smith. Es muy bueno. Me ayuda mucho a entender situaciones que se me salen de las manos. Puedo decir que es una persona en la que confío. Lo he conocido desde que estaba pequeño.
Puedo contar mi vida a él, sin sentirme avergonzado.
−Logie, necesito que saques la basura. ¿Puedes hacerme ese favor? No quiero llegar tarde al trabajo.
Ruedo los ojos sin que me vea.
−No me pongas los ojos en blanco. ¿Crees que no me doy cuenta? −Sonrío.
Llevo las bolsas de basura a fuera. Son demasiado pesados, no entiendo de donde sale tanta porquería. Un día como cualquier otro. Siempre despertando por las pesadillas y sacando bolsas de basura en la pura mañana. El sol apenas está comenzando a salir.
Este residencial es muy tranquilo. La casa del frente siempre ha estado deshabitada. Hasta ahora. Veo a un taxi llegar y parquear. Salen dos personas, un señor y una muchacha.
Genial, vecinos nuevos. Ruedo los ojos.
Ya me veo cuando mi mamá vaya a pedirme que lleve un queque de los que ella prepara cuando no está trabajando en el hospital.
Dejo las bolsas, mientras sigo observando a las personas que acaban de llegar. Obviamente no se dan cuenta de mi presencia. Me siento como una viejilla de patio, preparándose para dejar salir el rumor.
No, Logan. No deberías ver nada de esto. No eres chismoso. Relájate y sigue para la casa.
−¡Andrew! −Grita mi madre llamando a mi papá. −Ven, el desayuno está listo. −Me da un beso en la mejilla cuando pasa por mi lado, saliendo de la casa. −Tengo que ir a trabajar al hospital, Logie. Nos vemos más tarde.
−Hasta luego, mamá.
Me dirijo a la cocina. Veo en un sartén el desayuno. Unos huevos con tocino. Es impresionante como mamá hace la comida y luego se va a trabajar. Siempre apreciaré eso. Saco unos platos del mueble, para mi papá y para mí.
−Buenos días, hijo. −Dice mi padre.
Suena el teléfono de la sala. Mi padre se dirige hacia ese lugar y responde. Yo sigo sirviéndole el desayuno.
−¡Hola, Mark! −Dice mi padre con emoción. −¿Ya llegaste? −Se queda en silencio escuchando atentamente. −¿En esa casa? Pues, yo estoy al frente. −Se ríe. −Ahora nos vemos en el trabajo. ¿Vas a ir? Bueno, entonces nos vemos en otro momento.
¿Quién llama a las seis de la mañana? Que molestas son las personas.
−¿Te acuerdas de Mark, Logan? −Niega con la cabeza. −No, imposible. Eras muy pequeño. −Se responde así mismo.
Eso no es excusa. Me acuerdo de cosas que me sucedieron antes de los cuatro años. Pero tiene razón, no me acuerdo de él.
−Es un viejo amigo, nos vino a visitar hace bastantes años. Y ahora se mudó, literalmente está en nuestras narices. −Se burla. −Vino porque tiene un plan para unir a nuestras compañías, él también es un abogado. Nos conocimos cuando estudiábamos en la universidad, nos volvimos colegas y ahora, nos volvemos a encontrar. Vino con su hija Sophia.
−¿Por qué me cuentas eso? −Pregunto.
−Porque necesito que les lleves unos papeles. Y que los invites a cenar, por supuesto.
Mmm… ahora son papeles, ya superamos las tartas rellenas.
−¿Tiene que ser en este momento? ¿Por qué no va Lia? −No quiero molestar a nadie a esta hora.
−No jamás, apenas se están mudando. Te avisaré cuando necesite tu ayuda. Te voy a hacer una llamada. Porque cuando eso suceda, estaré en el trabajo. Y tu hermana no va a ir porque está estudiando para la universidad. No la molestes.
−Está bien, papá.
Mi hermana, Lia Miller, es una pequeña tornado que va siempre en busca de sus sueños. Estudia algo relacionado con el baile, me parece que danza, en la universidad. Ella es increíble. Es super talentosa, y es en la otra persona en la que más confío. Siempre que necesito desahogarme ella está para mí, para escuchar mis problemas.
Ella también es adoptada, como yo. Ella llegó a la casa después de que yo lo hiciera. Tenía cinco años. Yo tenía tres.
Éramos como uña y mugre. A pesar de que nos hemos alejado un poco, sé que siempre nos tendremos el uno al otro. Lia es la única que puede tocarme las manos sin sentirme incómodo, sin sentir el dolor al que fui sometido.
***
He pasado casi todo el día jugando en el televisor. Tengo ganas de salir y pasar un bonito momento. El día está precioso, apenas para ir a comer un helado o pasear. Las tardes de verano son perfectas.
Pero no puedo, mis amigos, los del otro instituto están de viaje. No puedo salir con nadie. Gano otra carrera en Mario Kart.
Mi celular vibra en mi bolsillo. Veo que es una llamada de mi padre.
Los papeles.
Contesto.
−Hola hijo. ¿Puedes ir a dejar el contrato a la casa del frente? Y diles que vayan a la casa a cenar el domingo en la noche.
Le digo que sí y salgo del cuarto. Agarro una de las galletas que dejó mi mamá en el desayunador que hizo ayer en su día libre. Están buenísimas.
Tomo las hojas de mi padre.
Salgo de la casa. Y me dirijo hacia la de los nuevos vecinos. El sol de las dos de la tarde da directamente a mi cara. Frunzo el ceño. Me cubro con las hojas del contrato.
Ahora si son horas para visitar a las personas.
Esta casa siempre me ha parecido muy bonita. La forma del caminito de piedras. El espacioso jardín. Es preciosa.
Toco el timbre, espero un momento.
Abren la puerta. Mis ojos se fijan en la bella muchacha que está al otro lado de la puerta. Pelo castaño, y unos grandes ojos azules que me dejan petrificado.
¿Quién es ella?