El Castillo de la Muerte-1

2010 Palabras

Conrad Vorst cerró de un portazo la puerta de su casa de campo con tal fuerza que la madera se estremeció dentro de su marco. Su pobre y joven esposa Inga se incorporó sobresaltada. Como era su costumbre, se había quedado dormida junto al fuego esperando a que su marido regresara de su reunión. Siempre que Conrad y la Hermandad se reunían, ella sabía que era muy probable que él no regresara a casa hasta pasada la hora de cenar. Conrad era un anciano del pueblo, y muy respetado en toda la comunidad por aquellos de cierta persuasión. A sus sesenta y cinco años seguía teniendo la espalda recta y un aire de autoridad ganado, si no el respeto, al menos el temor de quienes se cruzaban por su camino. Su posición le otorgaba un inmenso poder que, a decir verdad, disfrutaba en secreto, aunque serí

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