Conrad siguió escupiendo bilis hasta que por fin consiguió eyacular. Una vez agotado, Conrad se acostó encima de Inga, respirando agitadamente por el esfuerzo. Inga esperó pacientemente a que se bajara de ella. Una vez libre, Inga se desnudó en silencio y se puso el camisón. Una vez que Conrad se hubo puesto su propio camisón, los dos se arrodillaron en el suelo, uno frente al otro, con las palmas de las manos juntas en señal de oración. Conrad dirigió la oración, pidiendo perdón a Dios por la mala acción que habían cometido, asegurándole que habían actuado dentro de sus votos matrimoniales y en modo alguno como resultado de la lujuria de pensamientos perversos. Rezaron durante más de una hora antes de que Conrado decidiera finalmente que habían terminado. Poco después, se quedó dormido.

