Amina
Siento su mirada sobre mí incluso antes de que hable, Khalid siempre ha sido así, percibe mis silencios como si fueran palabras.
—Habibi… —dice otra vez, con esa voz baja que solo usa conmigo y que hace que mi corazón comience a latir con fuerza — Dime qué te pasa. — Niego despacio, sin mirarlo.
—Nada —respondo— Estoy bien. — asegure.
Es una mentira suave, envuelta en cuidado, no puedo decirle la verdad, no puedo confesarle que ver su brazo rodeando a otra mujer me abrió un hueco en el pecho que aún no sé cómo cerrar.
No puedo permitir que, si descubre cuánto me duele, decida cancelar la boda, romper acuerdos, desafiar a su familia… por mí, no quiero ser egoísta, no quiero ser la mujer que destruye el deber de su esposo solo por quererlo para ella sola.
—Amina… —insiste— Te conozco — menciono de nuevo y yo suspire
—Solo estoy cansada, no te preocupes — mencione sabiendo que él me conocía demasiado bien y justamente por eso guardo silencio.
El resto del camino lo recorremos así, en silencio y cerca, pero no del todo, unidos por el amor que sentíamos y separados por lo que no me atrevo a decir.
Cuando llegamos a la mansión, la noche envuelve el lugar con una calma engañosa, las luces se encienden a nuestro paso y, en cuanto la puerta se cierra tras nosotros, Khalid ya no aguanta más la distancia que yo misma he impuesto.
Me toma de la mano, me acerca a su cuerpo y me atrae sin darme tiempo a pensar en nada más.
Sus labios encuentran los míos con un beso cargado de deseo contenido, de necesidad, de amor desesperado, siento el calor de sus manos recorrerme lentamente, firme y seguro, aun a través de la tela de mi vestido.
No hay prisa, pero sí una urgencia silenciosa, como si temiera que este momento también pudiera escaparse de nuestras manos.
Me aferro a su pecho, respiro su aroma, cierro los ojos y por un instante, todo desaparece.
—Te amo —susurra contra mis labios— Más de lo que las palabras pueden decir, ya qalbi… — Mi pecho se contrae al escuchar esa manera en que me llama y que siempre logra quebrarme por completo, porque si se los traducía, significaba corazón mío, ósea que yo era suya
Sus manos suben por mi espalda, me sostienen como si yo fuera lo único real en este mundo, no cruza límites, no necesita hacerlo, el roce, la cercanía, la forma en que su frente descansa contra la mía es suficiente para recordarme por qué me enamoré de él.
—Nada va a cambiar lo que siento por ti —me promete— Eres mi esposa, mi único amor, tú eres mi hogar. — susurro y yo quise creerle, solo Dios sabe cuánto quiero hacerlo, pero mi inseguridad solo crece.
—Te amo Khalid siempre serás el amor de mi vida — Mencione mientras me dejaba llevar sus caricias.
En este momento no importaba nada solo éramos nosotros disfrutando del amor que sentíamos desde hace años.
Porque no importaba nada de lo que pasara, Khalid era todo para mí, lo amaba de una manera en que no podía describir, nos conocimos cuando éramos más jóvenes, la conexión fue inmediata y no pude evitar enamorarme de él, así que fue una gran sorpresa para mí que pidiera mi mano.
Al principio éramos amigos, bueno a lo mejor conocidos, su padre tiene un gran imperio de joyas, mientras que el mío es dueño de una mina de diamantes, por lo que tenían una gran sociedad comercial, desde un inicio siempre dijeron que nos casamos por negocios, por una unión que simplemente debía surgir de un interés comercial, pero solo nosotros sabíamos la verdad, nos casábamos no por el dinero, sino porque nos amábamos.
Y hasta este momento, después de tantos años, yo seguía enamorada de mi esposo, y como no estarlo si siempre me había tratado como si fuera lo mejor de su vida, para Khalid yo siempre fui su mundo y porque no, me atrevería a decir que soy como una reina para él, porque simplemente siento que me trata como si fuera una reina de verdad.
Apoyé la cabeza en su hombro, permitiéndome este instante de intimidad, de refugio, pero incluso mientras me besa, incluso mientras su cuerpo me reclama con la misma devoción de siempre, una verdad amarga se instala en mí:
Esta noche, por primera vez, el amor no logra silenciar mis miedos y, aun así, me quedo en sus brazos… porque amarlo nunca ha sido una elección.
Al día siguiente desperté antes que él, la luz suave de la mañana se filtra entre las cortinas y dibuja sombras tranquilas sobre la habitación, Khalid duerme a mi lado, de espaldas, respirando con esa calma profunda que siempre me ha dado paz, su mano descansa cerca de la mía, como si incluso dormido no quisiera alejarse demasiado.
Lo observo en silencio y por primera vez, un pensamiento me golpea con una crudeza que me roba el aliento.
«¿Cuántas veces más despertaré así?»
Trago saliva, sintiendo un nudo en la garganta, después de su boda, nada volverá a ser igual, el tiempo dejará de ser solo nuestro, las noches se dividirán y los días también, Khalid tendrá que aprender a repartir lo que antes me entregaba por completo.
Regalos, atenciones, palabras de amor... intimidad.
Todo en partes iguales, las noches… las noches ya no me pertenecerán del todo, tendrá que dormir con ella, tal vez no por deseo, o por amor —eso quiero creer—, sino por el propósito que todos esperan que cumpla: darle un hijo, un heredero, algo que yo no pude darle.
Mi pecho se aprieta, no es celos lo que siento… es duelo, duelo por algo que aún no he perdido del todo, pero que sé que está contado, como si cada amanecer a su lado fuera ahora un número que se reduce sin piedad.
Me acerco un poco más, rompiendo la distancia que yo misma creé anoche, apoyo la frente contra su espalda y dejo que su calor me envuelva, Khalid se mueve apenas, como si mi presencia lo llamara incluso en sueños, su mano busca la mía y la entrelaza con naturalidad.
Ese gesto tan simple me quiebra, porque él no ha cambiado, porque su amor sigue aquí y porque soy yo quien ya vive adelantándose al dolor.
Cierro los ojos y respiro hondo, intentando guardar este momento dentro de mí, el peso de su cuerpo a mi lado y el sonido de su respiración, la certeza de que, por ahora, sigue siendo mío… aunque pronto tenga que compartirlo.
No quiero contar los días, no quiero medir las noches, no quiero preguntarme cuántas veces más podré llamarlo esposo sin sentir que ese título se diluye.
Pero el pensamiento vuelve, insistente, cruel:
«Todo esto tiene fecha de cambio.»
Y, aun así, me quedo, me aferro a lo que hemos sido durante años y lo abrazo un poco más fuerte porque si el tiempo va a dividirnos, entonces atesoraré cada segundo que aún me pertenece.
Porque no importa cuánto me ame Khalid, sé que cuando menos lo espere, nuestras vidas cambiaran, a lo mejor todo es por su bien, pero para mí, todo será como un infierno, no por celos o envidia hacia esa chica, porque realmente ella no tiene la culpa y de mi esposo tampoco, solo está tratando de cumplir con su deber ente nuestra cultura, pero eso no significa que pueda acostumbrarme al recuerdo constante de que yo no fui suficiente para ser una buena esposa, será el recuerdo de que yo no pude ser madre lo que arruine todo lo que alguna vez yo soñé.
Y aun así sabía que cuando Khalid tuviera un hijo, yo sería feliz por él y siempre trataría a sus hijos, como si fueran míos, aunque sepa que nunca podre serlo.