Estoy en el vestidor, guardando todas mis cosas en las maletas para irme con Miguel a su piso.
No me puedo creer lo que ha cambiado mi vida en cinco meses. He pasado del traslado a otra ciudad para huir de una dolorosa a el traslado para irme a vivir con el hombre más maravilloso del mundo.
Tengo los nervios a flor de piel. En el tiempo que llevo aquí aún no he ido a su apartamento, siempre nos hemos quedado aquí por mi comodidad. Es curioso que mis padres hayan estado en el apartamento de mi novio antes que yo.
Mi madre me dijo que era un piso precioso, que lo tenía decorado con mucha elegancia y era súper acogedor.
Miguel se fue esta mañana a la editorial y me dijo que me tomara el día libre para recoger y empaquetar todas mis cosas, que cuando saliera de la editorial pasaría a por mí y mis cosas para irnos a su casa.
Voy a la cocina y me preparo un té. Me siento en la barra a tomármelo mientras miro mi teléfono. Veo que Miguel me ha mandado un mensaje.
“ ¿Cómo lo llevas? ¿Ya has recogido todo?. Te echo de menos, el despacho sin ti está muy silencioso y vacío. Te quiero”
No puedo evitar sonreír, es tan dulce.
“ Yo también te extraño y te quiero más. Casi ya lo tengo todo listo. Ahora sólo me falta guardar las cosas de la cocina y la nevera”
Me llevaré las cosas que puedan ponerse malas y lo demás lo dejo aquí para cuando venga Ale.
Suena mi móvil.
- ¡Ale!, ahora mismo estaba pensando en ti.
- ¿Y eso?, ¿A que se debe mi presencia en tus pensamientos? No sé lo digas a Miki a ver si se va a poner celoso…
- ¡Que tonto eres!
- ¿Cómo estás?
- Bien, aquí atareada despejando el apartamento. Hoy me mudo al piso de Miguel.
- Me alegro muchísimo por ti, pero sabes que a mi no me corre prisa .
- Lo sé, pero Miguel me lo propuso y acepté. Cuando vengas te daré las llaves. No sabes lo agradecido que estoy contigo por todo lo que has hecho por mí. Eres un gran amigo.
- No me devuelvas las llaves. Quédatelas.
- ¿Cómo me voy a quedar las llaves de tu apartamento?
- Es que no es mi apartamento, es tuyo.
- ¿Perdona?... ¿Qué acabas de decir?
- Que ese apartamento no es mío es tuyo. Cuando decidiste que aceptabas el traslado a Barcelona, hable con Miguel para que te buscara un apartamento cerca de la editorial. Pero como sabía que si te lo decía ibas a poner el grito en el cielo a parte de no aceptarlo, te dije que el apartamento era mío.
- ¿Cómo se te ocurre?, Esto ya es demasiado Alejandro y encima Miguel lo sabía y también te ha seguido el rollo.
- Le dije que no te lo dijera.
- Pues no lo acepto, te lo devuelvo y haz con él lo que quieras.
- A ver Greta, No lo veas como un regalo, porque no lo es. Llevas muchos años trabajando para la editorial y nos has hecho tener muchísimos beneficios y esta es tu parte. Es más aún te debemos.
- ¡Venga ya Alejandro!
- Además que no voy a discutir más, el apartamento es tuyo ¡y punto!
- ¿No sé qué decir?
- Nada, con que no discutas es suficiente.
- Está bien. Gracias otra vez.
- Por fin… Bueno que te llamaba para otra cosa, no para discutir.
- Dime.
- Necesito darle una sorpresa a Úrsula este fin de semana y necesito tu ayuda.
- Claro, cuenta con ello. ¿Qué necesitas que haga?
- Necesito un lugar dónde tener intimidad y que ella no se espere que yo voy a estar. Busca algún lugar y dile que vais a estar con las chicas.
- Tengo el lugar perfecto para eso…
- ¿Ya?
- Sí, ¡mi apartamento!... jajjajaaj… acaba de quedar libre, podéis tener intimidad y le puedo decir que voy a organizar allí una cena para nosotras. ¡Déjalo en mis manos!
- ¡Perfecto!. Ella cree que este fin de semana no puedo venir.
- Pues con esa escusa le digo que así pasamos una noche de chicas. Te lo prepararé para que tengáis una de las mejores noches de vuestra vida.
- Gracias Greta, vamos hablando para ultimar detalles.
- Claro, te iré comentando lo que vaya haciendo. ¿Te parece?
- Confío plenamente en ti, me vendrá bien todo lo que hagas. Bueno, estamos en contacto guapa.
- Adiós guapo.
Cuelgo y miro a mi alrededor. ¿TODO ESTO ES MÍO?, No me lo creo…
Llamo a Miguel.
- Hola preciosa. ¡Dime!
- Dime tú, ¿Cuándo pensabas contarme que este apartamento es mío?
- Greta…
- Greta ¿Qué?
- No te enfades conmigo, Alejandro me dijo que no te lo dijéramos. Yo solo lo busqué y contraté una decoradora.
- Gracias Miguel, Ale y tú sois mis ángeles de la guarda.
- ¿No estás enfadada?
- Ya no, cuando Alejandro me lo ha dicho os hubiera matado pero Ale me calmó.
- ¡Gracias a Dios!... ¿Sigue adelante lo de venirte a mi piso?
- ¡Claro!
- Ufff… menos mal.
- Además tengo que dejar libre el apartamento para este fin de semana.
- ¿Y eso?
- Resulta que Ale quiere darle una sorpresa a Úrsula y me ha pedido ayuda.
- ¿Te ha pedido ayuda a ti?... Pero si el rey de las sorpresas soy yo…
- Ay… el rey se puso celoson… jajjaja.
- Un poco, preparar sorpresas es lo mío. ¿o no?
- Razón no te falta, por eso quería pedirte ayuda.
- No se si quiero… ¿Qué saco yo de esto?
- ¿Qué quieres a cambio?
- ¿Puedo pedir lo que quiera?
- Depende…
- No, depende no… ¿Puedo pedir lo que quiera o no?
- Está bien… ¡Pide por esa boquita!
- Te lo diré luego cuando vaya a buscarte.
- ¿Ahora me vas a dejar con la intriga?
- Por supuesto pequeña… me encanta tenerte a la expectativa…
- Me parece que ya no estamos hablando de lo mismo…
- Creo que si… Te paso a buscar en un par de horas.
- Ok. No tardes, te extraño.
- Intentaré ir antes. Me has convencido.
Colgamos y me quedo pensando en que es lo que me va a pedir a cambió. Sonrió por qué sé que está aprovechando la ocasión para atormentarme, ¡odio que me dejen con la intriga!
Aprovecho que me ha dicho que iba a tardar un par de horas para bajar a la consejería que hay al final de la calle, quiero comprarme algo sexy para esta noche. Hay que empezar con buen pie.
…
Entro en la boutique y hay un montón de conjuntos de lencería preciosos, no sé por cual decantarme. Lo único que tengo claro es que lo voy a comprar en color rojo, a Miguel le encanta ese color.
La dependienta me enseña varios picardias, corsés y camisones lenceros en seda. Pero no acabo de decidirme. Pero justo cuando voy a decantarme por un conjunto de encaje veo un conjunto de sujetador, braguita brasileña, camisón lencero y bata en seda amarilla. Al verlo me recordó las rosas que siempre me regala, hoy yo voy a ser la rosa en la cama.
Pago y vuelvo al apartamento. Voy al baño y me pongo la ropa interior debajo para ya tenerla puesta para la ocasión. Con este hombre nunca se sabe donde va a empezar el juego. La bata y el camisón los meto en mi bolso par tenerlo a mano y que él no lo vea.
A las cinco de la tarde tocan al timbre.
- ¿Si?
- Greta, soy yo, ábreme.
- ¿Ya estás aquí? Te abro.
Le abro la puerta y está parado con una rosa amarilla en la mano. (Si él supiera…). Me la entrega y me besa.
- Hola preciosa, ¿Vamos?
- Si
- ¿Qué tengo que coger?
- Estas dos maletas, yo cojo estas dos.
- Perfecto. Vamos.
Salimos del apartamento, cargamos las maletas en el coche y vamos directos a su piso.