Contra todo lo imposible.

1482 Palabras
Mis instintos se encendieron, y volví a cubrirla con la manta. Pero Naiara, decidida a desafiarme, se la quita nuevamente. En este tira y afloja, nuestras emociones se enredaban, hasta que perdí el equilibrio y ambos caímos sobre el mueble. Nos quedamos quietos por un momento, aturdidos. Ella se burla. —Me dijeron que no se te para, pero parece que está bien despierto. —Me hiciste una brujería —le respondo, tratando de sonar serio, aunque la situación era todo menos normal. —Entonces tendré que hacerme responsable y hacerte exorcismo—dice, acercándose un poco más, con una sonrisa provocativa, me atrapa por el pantalón —. Y creo que te lo voy a bajar así. El aire se vuelve denso entre nosotros, y en su mirada había un desafío que no podía ignorar. ¿Qué demonios estaba sucediendo? ¿se volvió loca? Atrapados en esta extraña dinámica, mi mente luchaba por mantener el control. Sabía que no debería dejarme llevar, pero había algo hipnótico en ella, algo que hacía que me olvidara de todo lo demás. Y su desnudes no me ayuda a concentrar. —Naiara, no juegues conmigo —le advierto, pero mi voz sonaba más como una súplica que una orden. —¿Y qué vas a hacer? —pregunta, inclinándose hacia mí, con su aliento cálido acariciando mi piel—. ¿Echarme de tu cama? porque está es mi casa, son mis malditas reglas, caballero andante. El desafío en su mirada era innegable, y aunque sabía que debía alejarme, algo dentro de mí anhelaba más. Esa princesa rebelde era una tormenta en sí misma, y yo, por alguna razón, no quería salir de su camino. —Tú eres la que está jugando, no yo —respondo, intentando recuperar la compostura, aunque el deseo me empujaba hacia ella. Ella se ríe suavemente, una risa que encendía algo en mí. —Y tú eres el que no puede resistirse a la tormenta. Eres un cobarde. Mientras nos quedábamos ahí, atrapados entre la confusión y el deseo, su mirada me decía que todo esto era solo el principio. ¿Qué sucederá si me dejo llevar? La idea era aterradora y emocionante a la vez. Naiara se acerca aún más, y el mundo exterior se fue a la mierda. Estábamos en un juego peligroso, y yo estaba dispuesto a arriesgarlo todo. Naiara se acerca más, y antes de que pueda procesar lo que está sucediendo, sus labios se encontraron con los míos. El beso era ardiente, lleno de desafío y deseo. Sentí que todo lo que había conocido se desvanecía, dejándome solo con esa explosión de sensaciones. Mi mìëmbrö se tensa. Ella me tenía al borde, y no sabía si quería resistirme o entregarme por completo. El calor de su cuerpo me envolvía, y mis manos, como si tuvieran vida propia, se aferraron a ella. Nunca había sentido algo así; era como si el mundo se detuviera en ese instante. —Espera, no lo aprietes —le advertí, en un susurro ahogado en medio de la pasión. Ella sonríe de manera provocativa y, en lugar de soltarme, me sujeta con más firmeza. —¡Ummm, carajos!—gruño. La tensión en el aire se vuelve evidente. Con un movimiento ágil, bajó el zipper de mis pantalones, y la sensación de su piel contra la mía me hizo temblar. Ella comienza a agitarlo de adelante hacia atrás. El respaldo del sofá crujió bajo la presión de mi agarre, y mis instintos se encendieron. Era un caos de sensaciones; cada roce de su piel encendía un fuego dentro de mí que no sabía cómo controlar. Ella comienza a masturbar, antes lo habían intentado y no sentía nada pero ahora quiero dejar salir mis jugos y bañarla por completo. —Naiara, esto... —intento protestar, pero las palabras se perdieron en un gemido que escapó de mis labios. La realidad se desdibujaba, y solo éramos nosotros dos en un juego peligroso y apasionado. Ella se inclinó más cerca, su aliento cálido acariciando mi cuello, y mi mente se nubló por completo. Nunca había experimentado esta sensación de vulnerabilidad y deseo. Era intoxicante, y cada segundo que pasaba, me sentía más atrapado en su hechizo. Mis manos buscaban su piel, queriendo explorar cada rincón, pero también temía el abismo al que me estaba asomando. Era una mezcla de euforia y miedo; ella era todo lo que nunca había imaginado, y al mismo tiempo, todo lo que sabía que debía evitar. —¿Qué estás haciendo? —le pregunté, aunque en el fondo de mi ser sabía que la respuesta ya la tenía. —Lo que quiero —dice, con una sonrisa traviesa, mientras sus dedos jugaban con la piel expuesta de mi abdomen. Su toque era como fuego, y me dejé llevar, aferrándome al sofá mientras el deseo se apoderaba de mí. En ese instante, todo lo demás dejó de importar. Solo estábamos nosotros, atrapados en un momento que prometía ser explosivo y, quizás, devastador. Naiara comenzó a rozar mi virilidad contra su entrada, y cada movimiento la hacía sentir más y más intensa. Sus ojos brillaban con una mezcla de travesura y desafío. —¿Alguna vez has probado con una virgen? —pregunta, consu voz un susurro seductor. Negué con la cabeza, mi mente enredada entre la confusión y el deseo. —He intentado, pero nunca se me había parado —admití, sintiendo la presión creciente en mi interior. Ella sonrie de manera provocativa. —Entonces, ¿eres virgen técnicamente? —su risa era juguetona, pero la tensión entre nosotros era palpable. Al sentir su entrada chorreante, una oleada de deseo me atravesó. Naiara estaba jugando, y su actitud despreocupada me desesperaba. —Espera, Naiara, ¿eres virgen? —pregunto, atónito. Ella asintió con la cabeza, con su expresión divertida. —Nunca llegué tan lejos con un chico. El impulso dentro de mí fue abrumador. Quería hundirme en ella, pero el dolor comenzó a hacerse presente. Ella estaba tan borracha que era difícil saber si estaba jugando o en realidad no sabía lo que hacía. Me quité, sintiendo que las cosas se estaban descontrolando. —Cálmate, por favor. Ve a tu habitación —le dije, tratando de mantener la calma. Me fui a mi habitación, me dejé caer sobre la cama boca arriba y traté de aliviar la tensión que aún permanecía. Mis pensamientos giraban en torno a ella, a su risa y a lo que había estado a punto de suceder. Pero a pesar de mis intentos, no quería salir nada; había algo en todo esto que no se sentía bien. De repente, escuché la puerta abrirse. Naiara se quedó en el marco, su figura iluminada por la luz tenue del pasillo. Mi excitación se disparó de nuevo al verla. —¿Necesitas ayuda? —pregunta, con una mirada traviesa que desata otra ola de deseo en mí. Mis instintos luchaban contra la razón. —Naiara, no sé si esto es lo que deberíamos hacer —respondo, sintiendo la presión de su presencia, como un imán que me atraía hacia ella. —Vamos, solo un poco de diversión —dice, acercándose más, con una sonrisa que prometía más de lo que podía manejar. Somos adultos. En ese momento, su cercanía se volvió irresistible, y el caos de emociones dentro de mí estalló, dejándome sin aliento y sin saber qué decisión tomar. Ante su invitación, el impulso fue más fuerte que la duda. Me levanté y tomé a Naiara del brazo, lanzándola suavemente a la cama. —¿Estás segura? —le pregunto, buscando algún indicio de arrepentimiento en su mirada. —Sí —responde ella con confianza—. Total, ya no nos volveremos a ver después de esto. Esa afirmación encendió algo en mí. Me incliné sobre ella y la besé con una pasión que había estado reprimida. Sus labios eran cálidos y receptivos y muy rosaditos, la conexión entre nosotros se intensificó. Con un movimiento rápido, me quito toda la ropa, sintiendo el aire frío en mi piel. Naiara abre las piernas, y por un momento, el mundo se detuvo. Allí estaba, completamente expuesta ante mí, y no pude evitar admirar su belleza. Me subí sobre ella, explorando su cuerpo con mis labios y manos. Comencé a besarla, lamiendo su piel con devoción, bajando hacia su entrepierna. Ella se arquea hacia mí, con un gemido suave que escapó de sus labios mientras me hundía en ella. Sentí cómo su cuerpo respondía al mío, y la mezcla de sensaciones me envolvió. Cada roce, cada beso encendía el fuego entre nosotros, llevándonos a un lugar donde nada más importaba. El deseo se apoderó de mí, y perdí la noción del tiempo mientras exploraba su cuerpo con devoción. La pasión nos consumía, y sabía que este momento sería inolvidable aunque jamás nos volveríamos a ver o eso creí en ese momento.
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