—¡Ya deja de fingir, Alexa! —gritó Marcus—. Eres la mejor actriz que he conocido, pero el telón ya cayó. Puedes dejar de mentir, deja de actuar como si yo te importara. —No estoy mintiendo, tú me importas —lloró Alexa—. ¡Me importas mucho! —Cuando te conocí creí que eras diferente y me parecías insoportable. Odiaba que fueras tan terca. Creía que insistías en seguir trabajando para mí, a pesar de todos mis malos tratos y gritos, porque eras demasiado testaruda como para dar tu brazo a torcer. Intenté hacer que renunciaras, traté con todas mis fuerzas de odiarte —Marcus sollozó—. Pero en realidad te admiraba… tu persistencia, tu carácter. Ni siquiera me di cuenta del momento exacto en el que empecé a amarte. —Yo también estoy enamorada de ti, te amo, Marcus —susurró Alexa, con los ojos

