—Hijo, no seas así —lo regañó su madre. —¿Dije algo malo? —preguntó Ian con total calma. Alexa se rió al ver la expresión de Marcus. —Mamá, ayúdame a buscar a Piki —pidió. La señora Stone miró alternativamente a Ian y a Marcus. —¿Estás segura de que quieres que te ayude, hija? —preguntó con cierta duda. A ella no le parecía muy seguro dejar a ese par solos. —Claro que sí, el es muy escurridizo —respondió Alexa, tomando la mano de su madre y llevándola hacia las escaleras. Marcus le había dicho que quería hablar directamente con Ian, así que los dejaría arreglar sus asuntos. ¿Qué era lo peor que podía pasar? Ian observó el rostro de Marcus durante un largo momento. —¿Asustado, Larsson? —preguntó al notar cómo pequeñas gotas de sudor recorrían la frente del pelinegro. —N-no, ni un

