Si a Alexa le hubieran dicho que algún día estaría recorriendo el castillo de Hogwarts, tomada de la mano de alguien como Marcus Larsson, nunca lo habría creído. Pero allí estaba, junto a ese hombre idiota, pero también encantador y dulce, detallista, y al que amaba con todo su corazón. Pasaron todo el día caminando de un lado a otro, comprando, comiendo, recorriendo aquellas calles y creando recuerdos maravillosos e inolvidables. Cuando llegó el atardecer, el castillo de Hogwarts se iluminó de manera mágica, y ambos permanecieron allí, admirando la hermosa vista. Marcus la abrazaba por la espalda mientras sonreía. —Amor, gracias por esto —susurró Alexa, con la voz casi quebrada—. Hoy, sin duda, fue el día más feliz de mi vida. —Me alegra tanto poder ser parte de tus recuerdos —Marcu

