-Entonces.. Ya conociste a mi madre. Esto se está poniendo serio, Caramelo.- dijo Mauro en una repentina e inesperada recuperación de su buen humor. -Estuve a punto de pedirle tu mano, pero eso hubiera requerido demasiadas explicaciones que no estaba dispuesta a dar.- agregó ella siguiendo el juego. Era fácil hacerlo, él siempre despertaba ese deseo de continuar conversando. -No va a ser fácil que obtengas mi mano, soy el soltero codiciado del barrio.- le respondió queriendo sonar gracioso, pero al ver que ella bajaba la vista supo que lo había arruinado. No entendió exactamente el porqué, pero había tantos motivos por los que lo de ellos no era posible, que prefirió no quedarse con ninguno en particular. -Mal chiste, Caramelo, mal chiste. No soy codiciado por nadie, no te voy a n

