-¿Todavía no me hiciste la llave, hija?- dijo Helena fastidiada por haber tenido que golpear la puerta de aquella casa que en realidad le pertenecía. -Lo olvidé mamá, hoy sin falta la encargo.- respondió Rocío mientras avanzaba con pasos lentos, como si quisiera evitar lo inevitable. Aún no estaba segura de que Mauro hubiera logrado ordenar la cocina, mucho menos de que se hubiera logrado ocultar. -Lo siento, ma, pero estoy un poco atrasada con el trabajo, no creo que pueda recibirte hoy.- intentó disuadirla, pero, fiel a su personalidad, Helena fingió no oírla. -¿Hablaste con tu padre?- le preguntó tomando asiento en la misma banqueta que minutos antes había ocupado aquel no tan extraño ya y Rocío no pudo evitar que las palpitaciones llegaran hasta su cuello. Analizó con su vista

