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1398 Palabras

El temblor que acompañó aquella proposición le indicó a Mauro que lo había arruinado. No le gustaba sentir el miedo en esos verdes, no, cuando era él quien lo provocaba. Resignado y abatido bajó su mano para liberarla, no había nada que pudiera hacer, o en realidad sí. Debía irse, debía alejarse de esa casa, de esa vida tan diferente a la que él tenía, de esa armonía que había destrozado con su mera presencia. No era algo que le sorprendiera, de hecho era algo que pasaba con demasiada frecuencia, lo de arruinarlo. Bajó su mirada y cuando estaba a punto de alejarse ella separó sus labios eliminando todo el aire de sus pulmones y tomó su muñeca con un sutil movimiento, casi sin ejercer presión. -No es necesario que finjas, soy responsable de mis actos.- le dijo con sus ojos clavados en

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