Cuando miro a Dante, el se voltea y desaparece de la ventana. Suspiro porque mi vida siempre ha sido así, he tenido que caminar sobre hielo y saber que en algún momento, todo se puede caer y esta vez, no sería la excepción.
Dos días después, Agatha viene por mi otra vez, ahora no me pongo maquillaje, no me visto como las chicas lo hacen cuando suben y no me peino extravagante. Estoy lista. Camino más relajada que la primera vez detrás de Agatha.
Pero hay un sólo problema, el que me llama no es Dante.
Cuando llego a la habitación con toda la confianza del mundo, un Alessandro desnudo de la cintura hacia arriba me observa mientras muerde un mondadientes.
No, esto no puede ser.
Él habla y yo me asusto por el tono asqueroso de su voz y su forma de acercarse a mí.
- Eres muy linda, Taylor, ya veo porqué Dante te hizo su muñequita.
- Por favor, manténgase lejos de mí - Solo eso sale de mi boca.
- ¿Lejos? Ahora que Dante no está, tu y yo lo vamos a pasar muy bien.
Se abalanza sobre mí pero yo intento alejarme mientras corro hasta la puerta.
- Me gusta cuando juegan, pero más me gusta cuando están quietas, así que ven aquí o va a ser peor.
No, por favor, Dante... Ayúdame.
Me alcanza a tomar del cabello y me lanza contra la cama, intento pararme pero ya está sobre mi, no me besa, porque alcanzo a correr la cara pero su asquerosa lengua pasa por mi cuello, intento resistirme y le grito, pero su cuerpo es mucho más fuerte que el mío y no me permite ir mas allá.
- ¡Suélteme por favor! - Grito sin posibilidad de que alguien me escuche.
- Serás mía, veremos porqué Dante te quiere para él y si llegas a abrir la puta boca, te voy a colgar en el árbol como trofeo.
Sus manos pasan por mis pechos tratando de rasgar mi ropa, y su lengua sigue en mi cuello, bajando mientras mi camiseta y mi brasier salen volando. Ya no hay nada más que hacer. Este es el fin.
- ¡¿Que fue lo que dije?! - Un muy enojado Dante toma a su hermano por el brazo y lo separa de mi mientras yo me cubro los pechos con mis manos.
- ¿Dante? - Alessandro pregunta sorprendido y asustado.
- ¿Que es esto? ¿No obedeces mis órdenes? ¿Tengo que darte una lección?
- No, hermano por favor, no, sólo quise a una chica y Agatha trajo a esta.
- Sabes muy bien que no fue así, pero ese no es el punto, ella no me importa, pero odio que rompan mis reglas.
- Lo siento, Dante, lo siento.
- ¡Ahora fuera! - Dante grita y Alessandro sale corriendo mientras Agatha desde afuera cierra la habitación.
Dante se acerca a la puerta y cierra con llave, mientras vuelve hacia mi, toma una camiseta del armario y me la tira.
- ¡Cúbrete! - Sigue molesto.
- Gracias Dante, lo siento. No quise nunca causarte problemas.
- ¿Que parte de Sr. Ferreri no entendiste?
- Lo siento... - Vuelvo a decir y mis lágrimas caen mientras sollozo en su camiseta.
- Niña estúpida, prometiste que no dejarías que te tocaran. De verdad creí que serías más fuerte. Me decepcionas.
Eso sólo me hace llorar más, no quiero esto, no quiero que me toquen pero yo no puedo evitarlo.
- Perdón... - Solo puedo llorar más fuerte mientras el se acerca a mi y me tiende un pañuelo.
- Con esto sólo conseguí que mis hermanos tengan aún más curiosidad por ti, ellos intentarán acostarse contigo.
- Perdóname Dante, yo no quería esto. - Sigo llorando.
- Demonios, no me digas Dante, solo mantente lejos de esos dos. - Dice aún molesto.
Me paro y consigo mantenerme en pie mientras me volteo y uso la camiseta de Dante.
- Gracias por todo, Dante, pero tienes razón, ellos sólo sentirán más curiosidad y tratarán de meterme en sus camas, ya no puedo hacer nada. - Limpio mi rostro lleno de lágrimas y desesperación.
- ¿Te vas a rendir? - Me pregunta mientras está sentado en la cama de la cual acabo de pararme, yo estoy de pie frente a él.
- ¿Que más puedo hacer? - Volteo y lo observo, mientras el me mira dubitativo.
- Nada. Tus padres te entregaron y tu sabías para qué viniste aquí. Yo no puedo hacer nada más por ti.
- Gracias por todo, Dante.
Me agacho y beso su mejilla mientras huelo ese exquisito aroma, un delicado perfume que le queda tan bien.
- Dante... ¿Puedo pedirte un último favor?
- Dime. - Mi respiración está agitada y mis manos sudan, es la primera vez que siento algo por un hombre.
- ¿Puedo besarte? Nunca he besado a un hombre, al menos antes de que tus hermanos terminen de matar todo lo puro que tengo, quisiera saber lo que es un beso de verdad y con un hombre de verdad.
Si, dirán que sola me metí en la boca del lobo, pero si estuvieran en mis zapatos ¿no querrían hacer lo mismo?
- Ven acá. - Me dice mientras estira su mano hacia mi y me sienta a su lado.
- Gracias por todo, Dante.
Mi mano que toma la suya está temblando, su mirada está fija en mí y su otra mano va hacia mi cuello mientras me guía hacia su boca, mi corazón late a mil por segundo y mi respiración está agitada, cierro mis ojos y una sensación increíble me invade.
Él toma mi boca de forma dulce, lenta y cuidadosa, va de a poco saboreando y yo intento hacer lo mismo.
- No sabes besar. - Me dice con su frente en la mía. Mi respiración me está matando, me siento en las nubes.
- Te dije que es mi primer beso. - Le digo tomando su rostro en mis manos y acercándolo a mi otra vez.
- Sólo uno. - Dice y toma mis manos.
- Un minuto más Dante... Por favor.
Lo siento soltar mis manos mientras mis ojos están cerrados, me toma de las caderas, su fuerza es inigualable, me sube a horcajadas de él y toma mi boca con fervor.
Mi corazón late fuerte, mi cuerpo entero se estremece y su lengua invade mi boca en un vaivén infinito que me llama a cometer una locura, esto es intoxicante, una sensación tan agradable y placentera que no puedo evitar. Quiero más.
Cuando me siento más ardiente que nunca, él nos separa.
- Debes irte.
Diablos, nos acabamos de besar, fue algo mágico y luego tan excitante pero el simplemente me está echando. Me toma la mano y me aleja de él.
- Si, tiene razón Sr. Ferreri, muchas gracias por todo.
No me mira, baja la cabeza a su teléfono y sé que para él nada de esto significó algo, pero para mí, esto acaba de ser lo más genial y hermoso que he hecho en mi vida.
Aún me siento flotando en las nubes, mientras el sólo centra su atención en arreglar su ropa y mirar su estúpida pantalla.
Dios, esto es lo que se siente entonces, puedo decir que acabo de ofrecerme sola a ser una más de sus muñecas.
Salgo de la habitación y un par de lágrimas corren por mis mejillas. No sé porqué lo hice, porqué le pedí que hiciera eso, le di mi primer beso a un hombre al que no le importa nada ni nadie, y aunque sé que me lo iban a quitar igual, para mí que haya sido con él, fue lo mejor, pero claramente para él yo soy sólo una...
Ya no importa, ya no evitaré mi destino. Al menos acabo de saber lo que es un verdadero beso, uno con ganas de besar, con algo parecido al deseo y es suficiente para mí.
Por ahora.