Estoy en mi cama, la habitación consta de 4 camas más y un largo closet donde guardamos todo junto, aquí dormimos las muñecas, así nos dicen porque somos las que usan como objeto s****l los mafiosos de alto rango.
A mí ya me tienen como la muñeca de Dante, nadie se acerca a mí, y no es que quiera que lo hagan, es sólo que extraño cuando los demás sirvientes me trataban como a una igual. Hoy no lo hacen.
Estoy escribiendo por aburrimiento ya que no tengo nada más que hacer por esta tarde, cuando estoy terminando y pretendo ir a cenar, un golpe se siente en la puerta.
Polly abre y vemos a Agatha en el umbral mirándome. Dios, que no sea otro de los Ferreri.
- Taylor, tu turno. - No puede ser, esto no puede estar pasando.
- Suerte Tay. - Dice Nino y yo simplemente camino hacia la puerta. Lo que tenga que ser, pues será.
- ¿No te vas a cambiar? - Pregunta Agatha.
- Preferiría ir así, pero si tengo que cambiarme no tengo problema.
- Si tienes un problema con el señor, entonces será tú problema.
Caminamos hacia la escalera y arriba veo a Flavio mirándome con algo parecido al odio. Otra vez no, por favor.
- ¿A qué viene la muñequita? - Le pregunta a Agatha.
- Con el señor. Permiso. - Dice y pasamos a su lado, algo es su mirada o en su perfume me causa repulsión, él es un ser despreciable.
Cuando llegamos a la habitación, veo a Dante detrás del escritorio pero está mirando hacia afuera. Dios, gracias, es él.
- Siéntate. - Me dice pero no se gira.
- Gracias, permiso. - Digo y trato de sentarme pero él voltea y me mira sorprendido.
- ¿Que haces tú aquí? - Rayos, no me esperaba eso.
- Usted me llamó. - Respondo.
- Yo no te llamé, le pedí a Agatha que trajera a una de las chicas, no puedo creer que te trajera a ti.
Se toma el cabello con ambas manos mientras vuelve a girar en la silla y mira hacia afuera.
- Gracias por eso, no pensé que fueses tan grosero. - Me paro molesta y comienzo a caminar hacia la puerta.
- ¡Para! - Me ordena y lamentablemente es quien manda mi vida. Pero eso no quiere decir que yo obedezca.
- ¿O qué? ¿Me vas a amenazar como tus hermanos? - Le reclamo y él me vuelve a hablar.
- Ven acá. - Me dice calmadamente mientras se levanta de la silla y comienza a caminar hacia mí.
- No. - Digo yo, si me va a lastimar, pues que sea ahora.
- Taylor, ven aquí. - Cuando está del otro lado del escritorio y yo estoy en la puerta, me vuelve a llamar.
- No quiero, no puedo entender como haces eso. - Estoy molesta.
- ¿Hacer qué? - Me dice molesto él también.
- Actuar como si yo fuese una cualquiera sólo porque te pedí un beso. Mejor olvídalo y punto.
- ¿Que lo olvide? ¿De qué hablas?
- De que no tienes porqué evitarme sólo porque te besé. Fue sólo un beso, no significó nada.
- ¿Ah no?
- ¡No! Ya no quiero esto. - Le vuelvo a gritar molesta.
- ¿Que mierda quieres entonces? - Me grita ofuscado.
- ¡Nada, no quiero nada!. - Grito yo también.
Mi cabeza da vueltas pero no siento que deba o quiera alejarme de él, así que tomo todo el valor que tengo y corro hasta donde está, sólo quiero abrazarlo así que sin pensarlo me aferro a él.
Necesito sentir que no estoy sola y él ha sido la única tabla de salvación que he tenido, aunque ahora me doy cuenta de que yo me aferro pero él no me toca, entiendo el punto y me separo.
- Lo siento, yo... - Trato de hablar pero me interrumpe.
- Sal de aquí. - Otra vez vuelve a ser el mismo Dante Ferreri.
- Está bien, permiso Sr. Ferreri.- Giro para irme de la habitación pero lo escucho hablar nuevamente.
- ¿Desde cuándo me tratas de usted?
Su pregunta me desconcierta y volteo a mirarlo.
- Desde que usted me lo pidió.
- ¿Y desde cuándo haces lo que los demás te piden? Creí que eras más valiente que eso.
- ¿Te decepciona? Pues ya no sé si luchar por mi vida o dejarme morir. Pero quiero que sepas algo, si tengo que morir, entonces que sea por hacer lo que realmente quiero hacer.
Doy un paso hacia él y tomo su rostro entre mis manos besando sus labios con sabor a menta, y absorbiendo su olor embriagante, es algo de otro mundo y no me importa que me aparte, quiero hacer esto y si debo morir, pues bien, aquí vamos.
Subo mis manos por su cuello y lo presiono aún más cerca de mi, quiero todo de este hombre, si voy a ser una muñeca de los otros dos, prefiero primero ser de Dante.
El suelta su bastón y por primera vez, me abraza fuerte contra si mismo, suspira en mi boca mientras su cuerpo de hierro se siente cálido y su hombría crece contra mi vientre.
Dios, quiero esto, quiero sentirme así, si mañana debo fingir que algo horrible me gusta, entonces que estos sean los recuerdos que use para soportarlo.
- Dante. - Suspiro en su boca y un golpe cae en mi cadera, mientras él se separa ligeramente de mis labios.
- No digas mi nombre.
Continúa besándome y me empuja contra el escritorio mientras me sube una pierna a su cadera, lo noto fuerte, sexy, encendido en llamas mientras sus manos comienzan a recorrer mi espalda y mi pecho.
- Oh, Dante... - Digo entre gemidos y otro golpe se siente en mi cadera.
- Que no digas mi nombre.
Dios, no puedo parar. Mis manos van a su chaqueta, quiero quitársela y sus dientes muerden mi labio inferior, lo que envía una corriente por todo mi cuerpo.
- Dante... - Digo más fuerte y me vuelve a golpear, pero no dejaré de llamarlo.
- Taylor. - Esa es una advertencia después del golpe, aunque esto en vez de dolerme, consigue hacer que mi sangre se encienda y mi urgencia por él suba a mil por hora, todo esto mientras sus manos causan estragos en mi cuerpo y su boca me tiene al borde del abismo.
- Oh, Dante... - Me vuelvo a quejar en su oído.
- No me llames, si sigues haciendo eso solo conseguirás que haga algo de lo que luego te arrepentirás.
- No, no me arrepiento de nada contigo.
Digo subiendo mis dos piernas a sus caderas y presionando mi cuerpo más cerca de él, su gemido mientras besa mi cuello no se hace esperar, y debo reconocer que es el sonido más rico que he escuchado, mi cuerpo arde y no creí nunca posible algo así.
Pero de pronto, el se separa.
- Taylor, debes irte. - Mi mente viaja y no se a donde se va. Quisiera preguntar pero sé que sólo estoy aquí hasta que él lo dice, así funciona todo, así funciona Dante Ferreri.
- Está bien, con permiso Sr. Ferreri.
Con una lágrima en mi mejilla me levanto del escritorio y ordeno mi ropa mientras camino hacia la puerta.
- Taylor... - Me dice cuando estoy llegando a la puerta.
- ¿Si señor?
- No me decías así hace un rato.
- Hace un rato usted no me estaba echando de aquí.
- Tienes que irte porque necesito a una de las otras chicas para un trabajo especial, no puedes ser tú.
- ¿Porqué yo no? - Pregunto sensible y molesta por su actitud.
- Porque me pediste que nadie te tocara y estoy evitando que eso suceda, no me hagas explicarte las cosas, yo no hago eso. Confórmate con saber que no te voy a exponer. Ahora ve y dile a Sandy o a Polly que vengan.
Salgo de su despacho y solo puedo pensar en algo...
A su manera, él me está cuidando.