Vuelvo a la habitación y llamo a Polly y a Sandy para que alguna de ellas suba con Dante, algo que me gustaría no hacer, pero en vista y considerando que él dijo que tenía una misión especial, que incluye acompañar a un alto mando esta noche, yo debo hacer lo que él dice.
- Chicas, alguna de ustedes debe subir con Dante. - Todas en la habitación voltean a mirarme.
- ¿Qué? Pero si el señor Dante sólo te pide a ti. - Se escuchan suspiros de asombro en toda la habitación.
- Me dijo que les pidiera a alguna de las dos que suban por favor.
Me alejo y me acuesto sobre mi cama mientras comienzo a pensar en lo que sucedió con Dante, hace un tiempo, él y yo no nos conocíamos, cuando al fin nos conocimos, él fue un idiota pero al mismo tiempo me salvó de todo lo malo que podría estar pasándome ahora y hoy, después de casi un mes, ya no puedo dejar de pensar en él.
Hoy tienen una fiesta en la mansión, nosotras serviremos de mucamas y Polly debe servir de muñeca para un hombre de alto rango, el Sr. Barone.
Las chicas y yo ya estamos vestidas de mucamas, trajes negros y detalles en blanco, para incorporarnos a la cena, mientras los invitados comienzan a llegar.
Nino está parada en la puerta recibiéndolos mientras Luccia, Anna, Sandy y yo, estamos sirviendo, la Sra. Agatha y Emily están sirviendo las bebidas, mientras Dorothea está en la cocina, todas hacemos algo y lo debemos hacer sonriendo siempre, o nos sacan y nos golpean, yo aprendí a la mala.
Ya a cierta hora comienzan a bajar los Ferreri, Alessandro y Flavio bajan primero, ambos tomados del brazo por unas mujeres hijas de miembros de alto rango, lo que no me esperaba era que Dante también bajara acompañado de una hermosa y despampanante rubia de ojos azules envuelta en un vestido rojo largo y tacones de aguja negros, joyas y accesorios en dorado y n***o, cabello tomado con mechones ondulados sueltos.
Si, hay que reconocerlo, ella es hermosa.
Dante viste un traje n***o, camisa blanca y corbata negra, su cabello se encuentra peinado hacia atrás y su bastón lo acompaña, no puede haber nadie en esta fiesta y probablemente, en el mundo, que se pueda ver tan bien como él, aún cuando usa un bastón.
Me gusta cómo se ve, le sonrío cuando pasa pero él me evita y no mira hacia mí, claro, sólo soy una muñeca, no puedo compararme con alguien como la chica a su lado, Dios ¿que esperaba?
Estamos sirviendo en la mesa cuando uno de los invitados, el joven Bruno Bianchi, toma mi mano y me mira a los ojos.
- Señorita ¿puedo decirle que tiene unos hermosos ojos? - Preferiría que me soltara, estas personas no son de confianza, aunque él es un chico muy apuesto y siempre he escuchado que no se mete en nada que tenga que ver con la mafia, es más, está estudiando en el extranjero, aún así lo quiero lejos.
- Le agradecería que me soltara, por favor. - Le digo y agacho mi cabeza, es el protocolo.
De pronto, Flavio habla desde el otro lado.
- Yo que tu no me meto con ella, es la chica de Dante. - Varias personas alrededor me miran con una sonrisa en los labios, yo sólo puedo cerrar los ojos.
- ¿Quieres decir que una mujer no es digna de conquistar, sólo porque le tocó un destino tan horrible y jamás elegido, como este?
Wow, el joven Bruno acaba de resumir en palabras hermosas lo que yo siempre he pensado, todos lo miran y él sólo se para y voltea hacia mí.
- Perdone usted, señorita, hay personas que aún no saben distinguir a una dama. - Se vuelve a sentar y yo sigo con mi trabajo.
Cuando ya todos están terminando la cena, yo me escabullo y saco mi libro "El príncipe" de Nicolás Maquiavelo, debo reconocer que este es mi placer oculto, lo único que hago cuando no estoy trabajando, así que me tomo mi tiempo, me siento en el pasto del jardín trasero y comienzo a leer desde el punto en que lo dejé la última vez.
- No deberías leer con tan poca luz. - Levanto mi cabeza para ver a un guapo chico parado frente a mí.
- Sr. Bianchi... - Digo sorprendida al verlo parado allí, las manos en los bolsillos de su traje azul que combina con sus ojos y ese cabello castaño claro que le queda muy bien con esa nariz recta, se ve bien pero no es Dante.
Diablos, ¿que estoy diciendo?
- Lo siento, no quise asustarte, es sólo que te vi aquí con el libro de Maquiavelo y tan poca luz para disfrutar aquel clásico tan perfecto, así que tuve que decírtelo. - Se ve arrepentido como un cachorrito, me causa ternura.
- ¿Usted siempre es así? - Le pregunto porque me causa curiosidad.
El sonríe y coloca su mano en su nuca, se ve muy hermoso, creo que nunca había visto a un chico así. Me paro y me acerco a él mientras él estira su mano pidiéndome el libro, se lo paso sin decir nada y algo se siente tan familiar que hasta parece como si fuésemos hermanos.
- Te gusta la ley por lo que veo. - Dice hojeando mi libro.
- Si, me hubiese gustado estudiar derecho en la universidad, poder defender a las mujeres que sufren maltratos, agresiones y violencia de género, el poder otorgarle un defensor a quién no puede costearlo, poner un granito de arena para hacer del mundo un lugar mejor.
- Wow, admiro considerablemente tu pasión, es algo inigualable. Tu talento no se puede perder. - Dice sonriendo mientras me observa.
- Gracias por eso, pero lamentablemente me tocó esta vida y veo muy lejana la posibilidad de lograr mis sueños.
- ¿Tienes 18? - Me pregunta.
- Si, ya los cumplí. - Su expresión cambia a algo melancólico.
- Lo siento, debe ser terrible que te obliguen a estar con alguien a quién no quieres. - Toma mi mano y es algo que no me esperaba.
- Deberías preguntarle primero si ella lo quiere. - Una voz mortífera viene desde atras, yo volteo y unos ojos comunmente fríos, ahora están quemando mi mano entrelazada con la de Bruno.
- ¿Usted se refiere a que ella puede tener sentimientos por el hombre que la viola? - Wow... No me hubiese imaginado que Bruno sería tan explícito para hablar con Dante, tal parece que no le teme. Debe ser el único.
- ¿Violarla? Creo que no tienes idea de lo que hablas, Bianchi. - Dante lo observa con un rostro sepulcral y yo suelto la mano de Bruno, que a todo esto, aún sostenía.
- Probablemente, pero jamás me atrevería a tocar a una mujer en contra de su voluntad. - Diablos, Bruno, sólo cállate, Dante no hace eso y es quizá el único de su familia que no lo hace.
- Y yo jamás iría a la casa de un hombre a insultarlo si no sé lo que él hace realmente. Primero averiguaría. - Dante me mira y su rostro ahora es de un odio palpable, aquí me muero, ya no hay más después de esto.
- Entonces, desde ya te aviso que pretendo conquistar a la señorita aquí presente. - Bruno me mira y yo estoy completamente helada.
- Pues bien, suerte con eso. - Dante voltea y emprende el camino con su bastón hacia la casa.
Bruno se voltea hacia mí y me habla mientras toma mis manos.
- Quiero conquistarte, desde que entré a la mansión y te ví, supe de inmediato que quería estar a tu lado y conocerte, protegerte y cuidarte, permíteme por favor que luche por eso. Si logro sacarte de aquí, te prometo que nos iremos a estudiar juntos y podrás cumplir tus sueños.
- Sr. Bianchi yo... - Me interrumpe.
- No, por favor no digas nada ahora, sólo prométeme que lo pensarás. Volveré por ti... Taylor.
Sale corriendo hacia la mansión y me deja aquí con mi libro y la intriga de cómo sabe mi nombre.