Me acerco a Dante y lo beso, el tenerlo así, sudado y excitado, abrazado a mi cuerpo es algo sin igual, no podría describir con palabras todo lo que estoy sintiendo ahora. - Dante... - Digo mordiendo mis labios mientras lo observo, es tan hermoso que su belleza quema, su rostro con cada facción definida, sus pómulos, su mandíbula fuerte, sus ojos grises, esa nariz tallada por un ángel y sus labios que besan de una manera sexy, sólo gritan que me encanta. - ¿Qué? ¿Porqué me miras así? - Porque eres hermoso. - No lo soy, pero tu acostumbrate, que es todo lo que dejaré que veas por ahora. - Oblígame. - Le digo juguetona y él toma mi cabello, jala de el hacia atrás dejando mi clavícula expuesta y me muerde. - No me tientes, que tengo muchas formas de obligarte en este preciso momento.

