Kirstin yacía despierta en la cama, mirando el techo, sin osar a moverse. Llegaba a escuchar la respiración rítmica de Steiner junto a ella y el tictac del reloj de la mesita de al lado. Como si tuviese la intención de levantarse en mitad de la noche, este se fue a la cama más tarde de lo normal, y eso la preocupaba. Pero, tras unas cabezaditas en el salón mientras escuchaba la radio, lo convenció para que se fuese arriba. No tardó en quedarse dormido. Ahora tenía que asegurarse de no despertarlo. Esperó hasta la 1:20 de la madrugada y se deslizó con sutileza del colchón para no menearlo. Despacito se alejó de la cama y de puntillas al pasillo. Al llegar a las escaleras, esperó. Tras un momento de silencio, supuso que aún dormía. Paso a paso, pegada a la pared donde las pisadas tenían más

