— ¿Todos huyeron? —preguntó Ned Simpson. —Sí —respondió Marino—. No sé cómo, pero lo hicieron. — Me alegro. Estaba preocupado. De todas formas, eso va a añadir mucho suspense a la historia. ¿Y ahora qué? Marino meneaba lentamente la cabeza mientras sostenía el teléfono en su oreja. —Mañana he quedado con Kirstin en Berlín Este. Voy a ir con más frecuencia. — ¿Puedes hacerlo? —Sí, eso creo —respondió—. Mis papeles están todos en regla. Aunque ahora será distinto. Marino guardó un silencio momentáneo. Ned estaba en lo cierto. Todo era diferente. —Tendré cuidado —le prometió. —Solo que, no te quedes allí atascado —dijo Simpson—. Tienes que escribir un libro. —Necesito otro plan —dijo Marino, pasando de él—. He de ayudar a esa gente. Sobre todo, tras el fracaso de la otra noche. Despu

