Kirstin se quedó en la biblioteca más tiempo del que tenía planificado y no llegó a casa hasta después de las 7 de la tarde. Sabía de su necesidad de aclarárselo a Steiner, así que, de camino, se pasó por una tienda de comestibles para hacer unas compras. — ¿Dónde estabas? —preguntó Steiner al entrar esta en casa. Con sus tareas frente a él, se sentaba en el salón, la radio sonando ligeramente de fondo. —Compré unas cosas en la tienda —dijo—. Pero tuve que hacer cola más de una hora. —Espero que haya valido la pena —musitó, sin prestar demasiada atención. —Tenían pollo —dijo ella yendo a la cocina—. La semana pasada hubo escasez. —Estupendo —gritó sarcástico Steiner desde el salón. Kirstin vació la bolsa de la compra sobre la mesa, puso el repollo, los nabos y el pollo en el refriger

