— ¿Qué haces? —preguntó Steiner. —Estaba ordenando unos papeles —respondió Kirstin. — ¿De pie junto a la ventana en una habitación a oscuras? —inquirió con suspicacia. —Comprobaba si habían terminado el muro. —Hace días que lo terminaron —dijo Steiner—. Y lo sabes. Kirstin sentía correrle gotas de sudor por su nuca. —Pero están construyendo una torre vigía. — ¿Por qué apagaste la luz al entrar yo? —preguntó, mirándola fijamente. Tratando de encontrar una excusa, se fue hacia él para que no se acercara a la estantería y encontrase la pizarra que empujó detrás. Él estaba plantado en la puerta. Su cara era adusta, ojos acusadores, como si la hubiese sorprendido haciendo algo que no debiera haber hecho. —Kirstin —la reprendió—. Te hice una pregunta. Ella, con el corazón a cien, se ech

