—En unas horas voy a ayudar a Kirstin a escapar —decía Marino por teléfono. —Ándate con cuidado —advirtió Ned Simpson—. Si sospechas de algo extraño, no lo hagas. —No, no lo haré —respondió Marino—. No vale la pena. — ¿Se te ocurre alguna otra cosa? —Sí, el gerente del centro de refugiados me recomendó un experto en túneles. —De un túnel saldría una historia fantástica —dijo Simpson—. Sobre todo, un poco acerca de las vidas de los refugiados, ya sabes, lo que los motiva a escapar del Socialismo y todo eso. —Saldría un buen libro —se vio forzado Marino a reconocer. — ¿Cuál es tu motivación? —inquirió Simpson—. Entiendo lo de la chica, que tal vez estés pirado por ella y aún no se haya dado cuenta. Pero ¿y los otros? Marino quedó en silencio un momento, contemplativo. Jamás había sid

