Capítulo 52

1265 Palabras

Marino fue al Berlín Café justo antes de las 6 de la tarde. Pidió vino —que no tenían disponible— pero, de alguna manera—, sí café, ni tampoco tan original como en Occidente, pero bebible en todo caso. Su entrada en Berlín Este transcurrió sin imprevistos, tal como debía de ser con un pasaporte norteamericano. Nada tenían que temer los guardias. Nadie intentaba escapar de Berlín Oriental; más bien trataban de salir, nada más. Otra cosa sería cuando saliera con Kirstin. Los guardias inspeccionarían sus documentos detenidamente, exigiendo la entrada no registrada de Kirstin, a lo que pedirían explicaciones a las que ellos no podrían sostener. Marino, cuando eran las 6 de la tarde y Kirstin se ausentaba, comenzó a inquietarse, escrutando calles cercanas y observando una zona allende de la f

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