Dos meses más tarde… Erick observaba con nerviosismo como la frente de Alexia se cubría de sudor y pequeñas gotas se deslizaban sin control sobre su rostro enrojecido por el esfuerzo y entre dientes balbuceaba insultos que en vano intentaba reprimir; mientras se inclinaba hacia adelante y una vez más intenta pujar con todas sus fuerzas. Agotada se recostó sobre la cama y miró a Erick con sus ojos cristalizados, entonces tomó su mano con desesperación y susurró. — ¡No puedo, no puedo más!—cerró sus ojos dejando liberar un largo y pausado suspiró—. ¡Estoy agotada! — Lo haces muy bien, ya falta poco—habló Erick con su voz entrecortada, mientras le acariciaba la frente intentando tranquilizarla. — Algo está mal, la niña debió salir hace mucho y mientras más pujo, mi desesperación aumenta a

