Alexia se encontraba en el baño, ella miraba su rostro a través del espejo con disgusto, el cansancio y el estrés de los últimos días se veían reflejado en los surcos oscuros que rodeaban sus bellos ojos color avellana. Dejando escapar un suspiro entre sus labios y resignada, abrió la canilla y dejó correr el agua fría, entonces juntó sus manos y luego las cargó con abundante agua, necesitaba refrescar su cara, sin embargo en vano intentó borrar las ojeras y mejorar su semblante. Con manos expertas desenredo su larga cabellera y buscando un moño en su bolso, se recogió el cabello en una cola alta, conforme con su aspecto salió del pequeño cuarto justo a tiempo para ver cómo ingresaba una joven doctora. — ¡Buenos días, soy la doctora Thermo y te traigo muy buenas noticias! —dijo muy ani

