Mientras que Alexia besaba a su novio y recibía la más hermosas de las sonrisas, Clarissa estaba sentada sobre un mullido banco esperando poder ingresar al cuarto de su paciente. Frente a ella había un gran ventanal que la invitaba a ver el paisaje y desde el cual se veía la copa de varios árboles frondosos que se movían al compás del viento, sacudiendo sus ramas haciendo que varias hojas se desprendieran de repente siendo arrasadas por la suave brisa y danzaran en el aire alejándose del lugar; a un costado se encontraba una pequeña plaza con canteros de flores de diversos colores que brillaban con el sol de la mañana; a una cuadra un pequeño hotel, tipo colonial alojaba a varias familiares de pacientes que aprovechaban la cercanía con el nosocomio para hospedarse. Su mirada estaba fija

